viernes, 18 de abril de 2014

Cuando se expulsa a los europeos de Europa

En estos días cuelga de la fachada el edificio Berlaymont de la Comisión Europea en Bruselas una enorme pancarta publicitaria que habla de la libertad de circulación de trabajadores y de personas. Una de las famosas cuatro libertades santificadas por el Tratado de Roma. Ignoramos si ha sido la
casualidad, el destino o una comprensión pelín aviesa y retorcida del significado de la oportunidad política, el que ha hecho coincidir esta gesta comunicacional de la Comisión con las noticias de que estados de la Unión usan la legislación comunitaria para expulsar a ciudadanos/as de sus fronteras. Los casos más notables: Bélgica y ahora Alemania, sin contar con Suiza, que forma también parte del espacio Schengen.

En una comparecencia en ESADE el 27 de marzo de este año el Comisario Europeo Almunia sentenció sobre la legalidad de esas normas: “Hay una norma de la UE de 2004 que permite que un país que ha acogido a un inmigrante pero que, pasado algún tiempo, no tiene medios de vida, pueda remitirlo a su país de origen”.

Almunia se refería a la Directiva 2004/38/CE que condiciona la libre circulación por razones de salud, seguridad y orden públicos y que, en sus artículos 7.1.b y 14.1, establece el requisito para las personas europeas inactivas o estudiantes, de demostrar que disponen de recursos y seguro médico suficientes para no convertirse “en una carga excesiva para la asistencia social del Estado miembro de acogida”.

El Reglamento UE 492/2011 que actualizaba el originario Reglamento que regulaba esta materia (CEE 1612/68) se extiende en explicar la condición constituyente del derecho a la libre circulación de trabajadores en el marco del proceso de integración europea, explicitando los derechos que les amparan a él y sus familias.

En este punto reside uno de los problemas de la normativa: el derecho a la libre circulación fue inicialmente predicable de la condición de trabajador, como derecho  complementario a la libertad de circulación de mercancías, capitales o servicios, en el contexto de creación y consolidación de un mercado único. Y aunque estas normas no establecían una definición única y clara de lo que entendían por “trabajador”, la doctrina del TJCE generó una jurisprudencia que hacía extensible esta condición a cualquier desempeño profesional por el que se perciba un salario, independientemente de la cuantía de éste o del sector profesional, o de la actividad realizada. Podía abarcar también a quien, habiendo trabajado en el país de acogida o teniendo un vínculo con su mercado laboral, estuviera eventualmente desempleado pero en búsqueda activa de empleo. Pero aún con esta perspectiva extensa de lo que debe entenderse como trabajador, que fue plasmada en la Directiva 2004/38, lo cierto es que el derecho a la libre circulación se mantiene subordinado a la construcción de un mercado único y sus exigencias por medio de los límites que establece también la Directiva respecto a las personas no activas. Así, se da la paradoja de que la libre circulación es un derecho ciudadano según la Carta de derechos fundamentales europea (artículo 45) y por lo tanto entra dentro de la categoría de derechos civiles o políticos, mientras se mantiene como derecho vinculado principalmente a la condición (ampliada) de trabajador.

En el contexto de la mayor crisis económica desde el crack del 29 y de la gestión neoliberal de la misma, esta circunstancia agudiza algunos de los procesos en marcha con resultados imprevisibles. En particular, es de destacar la asimetría entre las opciones de política económica y monetaria a disposición de los estados para hacer frente a la crisis y las exigencias de las instituciones europeas, de la moneda única y de la economía global. Efectivamente, los estados ya no disponen de la devaluación de la moneda o la inversión y gasto público para hacer frente al impacto producido por la crisis. Además, las exigencias del Pacto de Convergencia y otras medidas de gobernanza de la crisis (Six Packs, Two Packs etc..) les obligan a cumplir con rigurosos estándares macroeconómicos. Frente a esto, los estados solo disponen para equilibrar sus economías de lo que se ha denominado “devaluación interna”: un espectacular ajuste vía reducción de salarios, degradación de las condiciones laborales y recortes en las políticas de gasto público, para intentar mejorar sus estándares de competitividad en el mercado internacional.

La propia Comisión Europea se ve atrapada en un discurso que vincula el derecho a la libre circulación a los derechos propios de la ciudadanía europea, sin condicionamiento alguno a la movilidad laboral, que no es más que una dimensión específica del derecho ampliado a la ciudadanía. Así en su informe sobre la ciudadanía de la UE de 8 de mayo 2013, la Comisión Europea afirma que “la movilidad de los ciudadanos impulsa la economía de la UE”, refiriéndose por tanto a la libre circulación como derecho propio de la ciudadanía europea sin condicionantes económicos o laborales, y con efectos económicos positivos.

Se refuerza la impresión de que el diktat de los mercados financieros es el único eje a partir del cual
entender el proceso de integración en la actualidad. Y mientras, se consolida el hecho de una Unión Europea con profundas desigualdades en lo que se refiere a la distribución de ingresos y riqueza, y  como espacio productivo y comercial.

En este marco, la libertad de circulación aparecía de manera real como una vía de escape y de regulación laboral y social en el marco europeo. Desde el punto de vista del imaginario comunitario, se convertía en una promesa de solidaridad del Oeste con el Este, y especialmente del Norte con el Sur, ante las situaciones de colapso interno de estos últimos países.  La propia Comisión ha destacado en su mencionado informe de 2013 las virtudes de la movilidad laboral como “potente mecanismo de ajuste para hacer frente a los desequilibrios y contribuir a mejorar el ajuste entre empleos y cualificaciones, al tiempo que alivia el sufrimiento social entre los ciudadanos de la UE”, enfatizando así los efectos económicos positivos de la movilidad reciente en el marco de la UE, que cifra en 24 mil millones de euros de ingresos.

Pues bien, esta expresión de solidaridad europea  parece sin embargo ahora una puerta cerrada en términos económicos y un portazo en el imaginario de una identidad europea basada en la solidaridad y la empatía paneuropea, dada la deriva que están tomando determinadas legislaciones nacionales.
Y este portazo puede tener repercusiones mayores de las que se imaginan los que con tanta inconsciencia están gestionando la crisis económica en Europa.

La UE está pasando por su peor momento en términos de apreciación por parte de la ciudadanía europea. Según el último Eurobarómetro Standard Eurobarometer 80, la imagen de la UE se ha deteriorado en más de 23 puntos desde el año 2001. En la actualidad, sólo un 31% de los encuestados dice tener una imagen positiva de la UE, frente a un 39% que la tiene neutra y un 28% que la tiene negativa. La distancia entre la imagen positiva y negativa, que en 2001 era de 37 puntos a favor de la positiva, hoy es de sólo 3 puntos. Un 66% de la ciudadanía de la UE considera que su voz no cuenta para nada en los asuntos comunitarios, y éste, al igual que otros indicadores, pone de relieve la aparición y consolidación de una fractura Norte-Sur que hasta ahora no existía, no al menos con esta intensidad. A la pregunta de si se sienten o no ciudadanos de la UE, un 59% contesta que sí en términos agregados, frente a un 40% que niega sentirse ciudadano de la UE. Pero estos indicadores son radicalmente distintos siguiendo esta fractura Norte-Sur: en Alemania, 73% responden “sí”, frente a un 26% de respuestas negativas ; en cambio en Grecia, 58% responden “no” frente a un 42% que sí se consideran ciudadanos de la UE.

Si la evidencia de la fractura Norte-Sur comienza a ser una realidad que puede condicionar el futuro del proceso de integración, el duro golpe político y simbólico al imaginario de la UE en la cabeza y el corazón de los ciudadanos europeos puede ser aún más significativo.

La libre circulación es el derecho más apreciado
Cuando se interroga a los ciudadanos sobre los resultados positivos de la UE, la libre circulación de las personas goza desde hace muchos años del mayor apoyo y consenso. Para un 57% de los encuestados, éste es con diferencia el mayor logro de la UE, solo seguido por la paz entre los estados, con un 53%. Si consideramos que la paz lograda a través del proceso de integración formaba parte de los ideales fundacionales, y tenemos en cuenta que los siguientes ítems apreciados (Euro o programa Erasmus) figuran con apoyos del 25% y el 23%, salta a la vista  que la idea de la libertad de circulación se ha instituido como un factor simbólico de primera magnitud en el imaginario europeo. Un elemento que sigue alimentando el apoyo a la UE y que puede verse modificado por la evidencia de que se trata de un derecho condicionado y limitado.

La percepción pública de la libre circulación
Por último, esta limitación a derechos de ciudadanía evidencia la centralidad de la lógica del mercado y añaden un obstáculo más a la creación de un espacio público europeo. Sin embargo, la existencia de ese espacio es una  condición para que pueda conformarse un espacio político y democrático de deliberación y decisión, que contribuya a dimensionar a nivel de la UE lo que perdemos de manera irreversible en el estado nacional, y a construir un nuevo ámbito de articulación de intereses y de representación política.

Por eso, son urgentes iniciativas coordinadas de actores sociales y políticos que denuncien las situaciones de constricción a la libertad real de circulación, y sus consecuencias. Y que estas acciones expresen la solidaridad y el compromiso de los y las de abajo frente a las lógicas de los gobiernos y los intereses que representan. En estos momentos, la fractura Norte-Sur que se evidencia  en distintos ámbitos, es uno de los mayores riesgos para el proceso de integración europeo a medio plazo. Es difícil seguir observando a los dirigentes europeos enredados en su jerga comunitaria, mientras el edificio de la legitimidad ciudadana se resquebraja a ojos vista.

viernes, 11 de abril de 2014

La lucha de los cantautores por las libertades democráticas


Elisa Serna, cantautora y represaliada política 

Articulo publicado el 6 de diciembre de 2009 en publico.es: 

http://blogs.publico.es/elisaserna/2009/12/06/al-constitucionalista-desconocido/

Con la alegría del Eureka! que exclamó Borth en su laboratorio, cuando por fin pudo visualizar el átomo tras someterlo a la cámara negra y la luz espectral, me abro paso hoy, entre las brumas del tiempo para narrar a los jóvenes y a quien pudiera interesar, un acontecimiento cultural que, inopinadamente, brotó impetuoso en toda España desde 1956 hasta nuestros días: los cantautores.

La España que nos vio crecer

Hacía un año que el filosofo José Ortega y Gasset había muerto y el partido comunista había desactivado la guerrilla o maquis que había hecho perdurar con las armas en la mano y mucho coraje, la razón republicana de 1931.

Rafael Alberti y Paco Ibañez: "A galopar"
Hegemónico el franquismo desde 1939, los años cincuenta son el apogeo de la deshumanización que acometió a los vencedores de la guerra civil, tras su triunfo, el 1 de Abril de 1939.Se sabía sometarrado, escondido, en secreto, que cientos de miles de presos republicanos estaban siendo torturados y fusilados e n lo que las fuerzas victoriosas denominaron Batallones Especiales de Trabajadores Voluntarios…

La prohibición de todas las filosofías o ideologías distintas del nacional-catolicismo seguía perjudicando el desarrollo en libertad de la propia conciencia, convirtiéndose en un delito contra la salud mental pública, que de nuevo tras los nueve años de la II Republica, atenazó y en algunos casos paralizó – como durante los cuatro siglos de Inquisición, 1492-1813 -, las funciones racionalistas de un gran porcentaje de los habitantes de esta Piel de Toro. Volvieron algunos a presumir de no saber, de no entender, ni de números ni de letras, como asevera sucedió en la España inquisitorial, el historiador Américo Castro.

El cerco a periodistas, intelectuales y artistas

La más estricta imposición de mecanismos de Censura, que perdurará hasta 1978 y es el nacional-flamenquismo en las músicas populares, una impostura lacerante en Galicia, País Vasco, Cataluña o Madrid. Tablaos de Coros y Danzas con pololos, llegan hasta la aldea más pequeña, donde las Flechas Falangistas preceden al rótulo del pueblo, para ocupar en la Plaza del Generalísimo, antes de la Constitución, el lugar -jamás la función- de las Misiones Pedagógicas de la II República.

La Iglesia Católica, Apostólica y Romana que también financiara el Golpe de Estado de 1936, confiesa, encubre y perdona a militares, requetés, monárquicos, caciques, banqueros, delatores, portadores de Penas de Muerte o verdugos con objeto de ir exterminando
Raimon, Recital en Económicas , Madrid
físicamente a los republicanos supervivientes de la Guerra Civil, que habiendo llegando al número de trescientos mil, se vieron atrapados y sin escapatoria, en las Prisiones y Campos de Concentración que existieron desde 1939 en nuestro país, mientras la Judicatura franquista preparaba la Causa General , el Tribunal de Responsabilidades Políticas, o el Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, con cuyas incautaciones financiaba todos sus actividades el régimen franquista en aquellos años, como el Genocidio programado para el exterminio de presos.

Eso pasaba mientras nosotros estudiábamos guitarra, canto y les poníamos música a los poetas de la Generación de 27.Mientras curas obreros, estudiantes alerta, trabajadores despiertos, nos cedían los pequeños locales y cuchitriles en que podían tener acceso.

El caldo de cultivo

Elisa Serna: "Este tiempo ha de acabar"
Tras la Guerra Civil, se daba un arquetipo de cura asilvestrado que con seguridad y ademanes pseudonavarros. señalaba con regocijo y para hacer méritos, el lugar exacto del campanario, desde el que dispararon sin miedo a labradores, mujeres y niños, jóvenes de la “quinta del biberón” que como improvisados oficiales del Frente Popular supieron –desde su analfabetismo- defender los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad de que gozaron con la República.

Retumbaba la España de los cincuenta con el grito –al cuello de su camisa- de Amnistía o Libertad que los cientos de miles de prisioneros republicanos lanzaban al mundo, desde las obras que como esclavos realizaban, a pico y pala, que no había excavadoras: una sardina y un cuarto de chusco al día, les hambrearon hasta que algunos dejaron de saber quiénes eran. Fue el caso de mi tío Moreno, de mi padre, el valiente capitán de artillería de la 42 Brigada Mixta, Batallón 167, el de los segovianos.

Una voz rasga la noche franquista…

María del Mar Bonet: "Cançons de Menorca
Y estando en esas, Paco Ibáñez, en París, con su padre en el Campo de Concentración de Argelés, miró un día el rostro compungido de su madre y le puso música a la primera canción del último “Mester” de Trovadores, el de Libertad”: La más bella niña… que quería que la dejaran llorar tranquila, a orillas del mar… Corría el año de 1956.

Tenían los Beatles que comer todavía mucho fish and chips, pescado y patatas fritas, en el kiosco de Tottenham Court Road y a Manolo Escobar no le habían robado el carro aún, cuando sigiloso y encorvado, como el Inspector Gáchet, Chícho Sánchez Ferlósio volvía de los Países Nórdicos con un disco de culto escondido en el forro del pasamontañas.

Allí Chícho, cabalmente -en pleno Pacto de Silencio- nos abría los ojos de la conciencia cantando: “cuando canta el gallo negro es que ya se acaba el día, si cantara el gallo rojo, otro gallo cantaría” Nos informaba en verso de que en la temible Dirección General de Seguridad franquista de la Puerta del Sol de Madrid, -cuya memoria histórica ha sido blanqueada por Alberto Ruiz Gallardón- Chicho “había conocido el crimen esa mañana”, que ”su pena tenía color de sangre humana” que “solo nubes y polvo lo presenciaron: Julián Grimàu, hermano, le asesinaron, le asesinaron” y proseguía trovando: “que no fuéramos a trabajar, que dejáramos quieta la herramienta, que era hora de luchar” y concluía “a la huelga diez, a la huelga cien, a la huelga madre, yo voy también, yo por ellos, madre, y ellos por mí”.

Creación-represión-creación

Otro colega catalán, Raimon, vino a la Facultad de Económicas, como se sabe, a decirnos que pusiéramos la cara Al Vent y no al Sol, que estábamos “todos llenos de noche, buscando a Dios (al Dios desconocido, al Dios de Aristóteles, buscando la mejor celada de nuestra lógica contra la Dictadura, se sobre-entendía).

Chico Sánchez Ferlosio: "Gallo rojo, gallo negro"
Esos años la Policía Armada , a caballo, la Brigada de Investigación Social, que hasta en los días de lluvia abría el periódico en las esquinas, para disimular, y el Tribunal de Orden Público al unísono, no daban abasto en los campus universitarios. En la DGS suicidan al estudiante Enrique Ruano. Expedientan y expulsan en la Complutense a los catedráticos que introducen la filosofía marxista en la Universidad: Enrique Tierno Galván o José Luis Aranguren, entre otros, pero se crea el Sindicato Democrático de Estudiantes uno de cuyos dirigentes, Enrique Ruano, es suicidado, [arrojado desde una ventana] como Julián Grimau.

Entonces, Luis Serrahima, conmocionado por la noticia y desde Barcelona, escribe el poema ¿Qué volen aquesta gent? sobre la muerte de Enrique Ruano, que Maria del Mar Bonet interpreta hasta la lágrima.

Corre o disparo, ayer

Blindada hasta las cejas de Carrero Blanco, la Censura Franquista, la prensa -si mencionaba estos acontecimientos- era añadiendo, por orden de los servicios secretos del Régimen, que la Policía o la Guardia Civil había disparado al aire. Pero en Leganés quien cayó muerto fue un obrero de la construcción, sin alas: Pedro Patiño, que también tiene su romance. Antes oyó el grito habitual, a la carrera, como el ganado, con la lengua fuera: Corre o disparo!

Esperanzados, hoy

Imanol: "Orain Borrokarenean"
Por eso hoy , 10 de Octubre de 2007,dia en que la presión sostenidas de cientos de Asociaciones Memorialistas han conseguido – con nuestros diputados a la cabeza, la entrada en vías de debate en comisión en el Congreso de los Diputados de España, insisto en la Memoria de aquel, yo le llamo, Mester de Libertad y rindo homenaje desde aquí, a las cantautoras y cantautores que, siguiendo el ejemplo de nuestros cabales Paco Ibáñez, Chícho Sánchez Ferlósio, Teresa Rebull o Raimon, se comprometieron en Galicia, Euskal Herria, Cataluña y resto del Estado con la Libertad. Un Cancionero tradicional ya que sigue acompañando los momentos álgidos de la lucha de las trabajadoras y trabajadores de toda especie, en nuestra tierra; la Crónica Cantada de los acontecimientos que el franquismo prohibía saber y en vano pretendió encubrir. Todos sintieron el zzzip de la tijera a lo mejor de su obra y la sombra larga de la Inquisición en el Tribunal de Orden Público.

A pesar de la represión, siempre adelante

La aparente inmovilización y silencio impuesto en nuestro país desde 1939 a 1978, mantiene intacto el coraje y el valor de los republicanos supervivientes a la Guerra Civil, a pesar de la represión “universal” por completa, que mediante hambreados, incautaciones, humillaciones, palizas, torturas, condenas a muerte, “paseos”, “sacas”, va distribuyendo la Judicatura Militar Franquista, mediante la creación de mecanismos como la Causa General, el Tribunal de Responsabilidades Políticas, la Ley de Fugas, la de Peligrosidad Social, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo o el Tribunal de Orden Público.

Hilario Camacho: "Madrid amanece"
Pero igual que contemplamos, cada Primavera, los cerezos nevados del Valle del Tiétar y bien sabemos que detrás de cada flor, brotarán arracimadas las afrodisíacas cerezas rojas, la palabra de Blas de Otero, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Miguel Hernández o Antonio Machado cantadas por Paco Ibáñez o los poemas propios de Chicho Sánchez Ferlosio, Raimon, José Meneses, Imanol o Miró Casabella restablecieron y abrieron las compuertas cerradas por el franquismo al asesinar o enviar al exilio a los artistas e intelectuales, que con las Misiones Pedagógicas habían llegado hasta la aldea más pequeña de España, de 1931 a 1939.

Arriesgaron su carrera y su vida en ese afán, como lo demuestran las varias -dolorosas e indignantes- muertes prematuras de cantautores: Ovidi Montllor, Manuel Picón, Carlos Cano, Indio Juan, Imanol, Carmen Santonja entre otros. Triste el corazón por ello, redoblan nuestros cabales una frenética agitación cultural en España y en el mundo, que pronto, tras el pétalo blanco del verso, haría brotar airados, rojos y afrodisíacos, sus frutos: el Mester de Libertad.

El efecto Cantautor: el puente a la Generación del 27,
la toma de conciencia, la afiliación, la financiación de la lucha

Luis Pastor: "Vamos juntos"
En la década que prosigue, arracimados y alertas, ante la negrura del sistema, estampan la belleza de sus voces y poetas, en grupos como Voces Ceibes, Bibiano y Benedicto en Galicia, Ez doc amairu en el País Vasco, Nova Cançó, Miquel Porter, Serrahima, Quico Pí de la Serra, Ovidi Montllor, Mª del Mar Bonet, Llach, Marina Rossell, Subirachs, Montaner, en Cataluña, la Fanega o el Mester de Juglaría en Castilla, Labordeta o La Bullonera en Aragón, All Tall en el País Valencià, Pablo Guerrero y Luis Pastor en Extremadura, Canción del Pueblo en Madrid, Adolfo Celdrán, Elisa Serna, Hilario Camacho, o Manifiesto Canción del Sur, Carlos Cano o Aurora Moreno en Andalucía.

El “efecto cantautor”, imprescindible y necesario, se traduce en esos años en una pérdida del miedo en cuantos abarrotaban los recitales que con los mecheros encendidos, cantaban a coro balanceándose rítmicamente, todos juntos, con los auditorios a reventar: A Galopar hasta enterrarlos en el mar, o Chola mano, hermano, o Con tu puedo o mi quiero, o habrá y día entre todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga Libertad, o L’Estaca, o Resistirem mes encara, o el Romance de Juan Garcia, o La Murga de los currelantes, etc. etc. etc.

Pablo Guerrero; "Tiene que llover a cantaros ..."
Cantando y bailando, miles de espectadores en la Universidad, los Teatros, los barrios, los garajes, camiones, asociaciones de vecinos, ateneos de barrio, Fiestas anuales, aulas o también algunas Iglesias “pastoreadas” por Cristianos por el Socialismo seguidores de la Teología de la Liberación, toman conciencia de la existencia en Europa y la hermosura de los Derechos Humanos y la Libertad plena.

Como hace Marcello Mastroiani en Sostiene Pereira, ante la crueldad de la represión franquista, los ciudadanos -entonces súbditos- dan el paso, se cuelgan el morral de los panfletos. Se comprometen, se suman a otros, y por fin se afilian masivamente en asociaciones, sindicatos o partidos clandestinos, con las más variadas filosofías marxistas. Luego, se “trenzaron las banderas” sindicales o partidistas -reconozcámoslo- a la luz de la política de Reconciliación Nacional y el Pacto por la Libertad de los más organizados y numerosos, en los años de clandestinidad: el Partido Comunista de España, para la reconstrucción de la Democracia en nuestro país, donde la “soledad iba a desaparecer”, según canta Silvio Rodríguez.

Pero nada podrían haber avanzado en la propuesta de “partido y sindicato de masas” que nos lanzara Togliatti desde Italia, sin la entrega generosa de los Cantautores, las CCOO, la UGT, la USO, los Cristianos por el Socialismo, el PSOE, la CNT, la Liga Comunista, LCR, el Partido de los Trabajadores, la ORT, el Movimiento Comunista, etc.

José Antonio Labordeta: "Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra, que ponga Libertad"
Queda pues demostrado y con ello concluyo, que los Cantautores pusieron las primeras piedras de la Democracia que disfrutamos hoy en España Reconstruyeron el puente entre la generación poética, los ilustrados y los intelectuales del 27, que trajeron la II República.. Optaron por la categoría musical de los instrumentos y las músicas propias de nuestras culturas. Y lo más hermoso: aunque tuvieron que encajar la Censura, Multas Gubernativas, Órdenes de Busca y Captura, retiradas de pasaportes, emprisionamientos, interrogatorios, o la ominosa vigilancia permanente de la Brigada de Investigación Social, la Policía Armada, la Guardia Civil y “otros servicios afectos” volverían a poner toda la carne en el asador, si por un quiebro raro de nuestra Historia, los valores de la II República, Libertad, Igualdad y Fraternidad, se vieran amenazados.

sábado, 29 de marzo de 2014

¿Seguridad? ¿Consenso? ¿Rebaños?

Luis García Montero, nuestro compañero poeta y Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada.

Articulo publicado el 27 de marzo de 2014 en publico.es:

http://blogs.publico.es/luis-garcia-montero/969/seguridad-consenso-rebanos/


La política de seguridad del PP, tanto por lo que se refiere a las leyes como por los comportamientos que impone en la policía, está encaminada a dibujar un marco autoritario específico para la desigualdad económica. La brecha entre ricos y pobres que han abierto en España las medidas y los recortes del Gobierno, el empobrecimiento de la clase media y de los de abajo en favor de las élites, exigen una filosofía de control y represión. Se trata a la vez de convertir la protesta en un problema de orden público y de criminalizar la pobreza.

El engranaje está claro. Cuando el  Estado renuncia a equilibrar las desigualdades con amparos y derechos civiles, necesita sostener la injustica con un orden represivo de multas, mano dura, calles cerradas y cárceles dispuestas a asumir una población masiva. La voz discrepante ocupa un lugar confundido con la delincuencia. La pérdida de libertades afecta así a una inmensa mayoría de la población, sea cual sea su ideología. ¿Qué sentido tiene entonces la seguridad? Para contestar a esta pregunta conviene plantearnos la paradoja de una coincidencia significativa que se ha producido en los últimos días: la exaltación del consenso junto a las noticias policiales.

La muerte del expresidente Adolfo Suárez ha reunido a sus amigos, sus adversarios y sus traidores bajo la consigna del consenso. Hay que entenderse, limar asperezas, comprender al otro, llegar a acuerdos… Basta con tener memoria para sentirse irritado ante esta operación de maquillaje histórico. En los años 70, por razones diversas, los españoles nos pusimos de acuerdo en que una democracia era mejor que una dictadura. El consenso llegó hasta ahí. Los demás asuntos, desde la articulación territorial hasta la propia definición del sentido social de la democracia, dependieron de las fuerzas de cada uno de los protagonistas en el debate. La maltratada biografía política del propio Adolfo Suárez puede servir de ejemplo.

Los que más repiten ahora la palabra consenso son los mismo que han puesto en peligro la soberanía popular y la posibilidad real de que los ciudadanos sean dueños de su autogobierno y su futuro. Las élites económicas han roto el pacto democrático al desplazar a sus despachos financieros decisiones que deberían ser políticas. Y como esas decisiones provocan dolor, desigualdad e indignación, se llenan las calles de policías, se criminaliza a los convocantes de una manifestación legal, se intenta prohibir las protestas en el centro de la ciudad, se detiene a estudiantes y se confunde una movilización multitudinaria y pacífica con una llamada a la violencia.

¿Hay violentos? Sí. Algunos violentos están dirigidos como infiltrados desde el propio ministerio del interior. Parece que también. ¿Se está jugando con la policía? Eso se intuye en las protestas de los policías que se vieron puestos en peligro y desamparados por sus mandos. La estrategia seguida por la autoridad es rara: en vez de utilizar las fuerzas del orden para asegurar el desarrollo pacífico de una manifestación legal, se abandona a unos policías en manos de un grupo incontrolado de violentos. ¿Es que se quiere sacrificar a alguien para justificar después la represión y la mano dura? Da miedo pensar en la respuesta. Pero todo apunta a que ese es el motivo de la indignación y las reacciones de la propia policía.




Esto no es consenso en realidad, sino la conversión de la ciudadanía en un rebaño fácil de pastorear. Y si se aplican los códigos del populismo y el melodrama, tan afines al circo mediático, es posible que el poder consiga rizar el rizo y convertir en enemigo público a todo el que se pliegue a la mansedumbre y la mentira. Estos días pasados hemos tenido un buen ejemplo con la indignación levantada por los que se negaron a falsificar y sacralizar la figura de Suárez. No bastaba con reconocerle sus méritos, había además que glorificarlo con un espíritu de consenso dirigido contra la conciencia crítica y la rebeldía.


El poder procura conformar un rebaño de ovejas muy raras. Busca ovejas híbridas que obedezcan, pero que rebuznen en vez de balar cuando un disidente cuestione el consenso de la demagogia y la manipulación sentimental. Ovejas que rebuznan una mansedumbre furiosa.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Recordando a Suárez


Jorge Tamames Grasset, periodista y graduado en relaciones internacionales, colaborador en la revista Política Exterior

Articulo publicado el 25 de marzo de 2014 en revista Política Exterior:

http://www.politicaexterior.com/archives/16609

Adolfo Suárez ha muerto, y me es difícil rendirle homenaje sin caer en tópicos. Es innegable que ocupa un lugar destacado entre los padres de la Transición. Muy pocos dudan que España permanece en deuda con él. Incluso las anécdotas personales –su don de gentes, su aversión hacia los libros– son ya lugares comunes en la hagiografía política de nuestro país. Porque escribir sobre Suárez es escribir sobre la Transición, y la Transición es un periodo de nuestra historia que se alaba más de lo que se valora. No siempre es fácil reconocer los logros de ambos sin incurrir en el panegírico oficial, tanto del proceso como de la persona que en gran medida lo dirigió.

Suárez nunca estuvo destinado a pilotar la Transición. Manuel Fraga tenía más credenciales reformistas; José María de Areilza, una trayectoria más sólida. Ambos se veían con una experiencia, cultura y aptitud muy superiores a las de aquel advenedizo de provincias que había medrado en las filas del Movimiento, y que se convirtió en presidente gracias a la habilidad con que Torcuato Fernández Miranda manipuló al Consejo del Reino. Y si Fernández Miranda orquestó la elección, lo hizo únicamente porque vio en Suárez el brazo ejecutor de su proyecto político.

Ésa, al menos, era la teoría. Que Suárez debía su carrera a la Corona. Que actuaría como correa de transmisión de Fernandez Miranda, eminencia gris del Rey. Que se quemaría a lo largo del proceso y pasaría el relevo político tan pronto como el franquismo hubiese dado el último espasmo mortuorio.

No ocurrió así, porque Fernández Miranda subestimó a Suárez. De 1977 en adelante, el presidente toma la iniciativa. Le ayudan su talento en el control de los tiempos y la habilidad para engatusar a sus rivales. Sirva como ejemplo Santiago Carrillo. Suárez le manipula inteligentemente, empleando su ambición y la legalización del PCE como anzuelos para extraerle concesiones. Paradójicamente, estas concesiones –aceptar la bandera del régimen y la monarquía, además de enterrar el proyecto rupturista– pasarán al partido una factura enorme tras su legalización.

Fernández Miranda se opone. En las memorias de Leopoldo Calvo-Sotelo aparece Fraga rasgándose las vestiduras. Por encima de todo, la medida incendia a la cúpula militar, guardiana de las esencias del franquismo, a la que Suárez había asegurado que jamás legalizaría el PCE. Cuando Fernando de Santiago dimite, amenaza a Suárez recordándole que en España son comunes los golpes de Estado. El presidente responde: “Y yo a ti te recuerdo, general, que en España sigue existiendo la pena de muerte.” Es la misma valentía que muestra cuando Antonio Tejero irrumpe en el Congreso. Mientras llueven las balas y los diputados se esconden, Suárez mantiene el tipo sentado en su butaca. Tejero le lleva a la Sala de los Ujieres, y le encañona el pecho. Suárez mira al teniente a los ojos y le ordena que se cuadre ante su superior.

¿Tienen este valor nuestros actuales dirigentes políticos? La pregunta es retórica. Si los padres de la Transición han sido idealizados hasta extremos sonrojantes, el coraje de Suárez –y el de su vicepresidente de Defensa, Manuel Gutiérrez Mellado–, es la excepción que confirma la regla.
No por eso era perfecto. Su predilección por el regate corto y la improvisación no siempre dieron un resultado positivo. Ahí queda el Estado de las Autonomías, fruto de un proceso confuso que continúa en vigor; no tanto por su éxito como por la idealización de la Constitución de 1978, intocable a menos que Bruselas exija su reforma. Al igual que Mijail Gorbachov en la Unión Soviética, Suárez, que dominaba las reglas del franquismo, pronto se mostró incapaz de operar bajo las de una democracia. Así lo demuestra de 1978 en adelante, aislándose en La Moncloa mientras las élites del país reniegan de él.

Su carrera política termina el 23 de febrero de 1980. Y la conspiración que acaba con él –y por poco con la democracia en España– no fue la de un puñado de generales recalcitrantes. A ella contribuyeron, de forma activa o pasiva, la administración de Ronald Reagan, la CEOE de Ferrer Salat, Luis María Anson, políticos de todo el arco parlamentario y el propio Rey, cuyo desencanto con un Suárez demasiado independiente dio alas a las fantasías de Alfonso Armada. Sería una falta de respeto hacia la figura de Suárez ignorar cómo muchos de los que hoy lamentan su muerte le dieron la espalda cuando más los necesitó.

Es una ironía triste que Suárez haya muerto sin publicar sus memorias. A Paloma Aguilar le corresponde el mérito de destacar el parecido entre las palabras amnesia y amnistía, y utilizarlo como símbolo del pacto del olvido que tuvo lugar durante la Transición. Las sociedades que pasan por periodos traumáticos necesitan poner el pasado en su justo lugar, pero la española jamás ha realizado ese esfuerzo. Las heridas del pasado no cicatrizan. La negligencia tiene un precio. Y como si el peso del olvido colectivo hubiese recaído sobre sus hombros, Suárez, consumido por el alzhéimer, llegó al final de su vida sin memoria. A los que seguimos aquí nos corresponde recordar.

martes, 25 de marzo de 2014

La memoria de Suárez

Luis García Montero, nuestro compañero poeta y Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada.

Articulo publicado el 23 de marzo de 2014 en publico.es:

http://www.publico.es/politica/509495/la-memoria-de-suarez

 La pérdida de memoria es uno de los remedios mejor utilizados en la construcción de la España oficial. El alzheimer de Adolfo Suárez ha cumplido también su papel. Cuando Adolfo Suárez hijo convocó a la prensa para anunciar el fallecimiento inminente de su padre, sentí tristeza, y no por Suárez, que llevaba 11 años desaparecido, inexistente, sino por nuestro país, por el impudor del circo levantado sobre nuestra realidad.

Yo no voy a olvidar todas las manifestaciones en la que participé contra su política, contra los suyos, contra la España que representaba.

Pero Adolfo Suárez, ahora, tenía derecho a dejar de sufrir. La familia podía haberse limitado a emitir un comunicado anunciando su fallecimiento después de tantos años de enfermedad. No esperó a la muerte, convocó a la prensa para anunciar que se iba a morir y luego lloró delante de los periodistas. Las lágrimas falsas no conmueven, dan pena y vergüenza.

Siento respeto por la figura de Suárez. No me creo la mitología oficial de la Transición española, su colaboración con el Rey, sus labores en favor de la democracia. Cuando él era gobernador franquista y jefe del Movimiento, muchos miles de españoles pasaban por la cárcel como luchadores en favor de la democracia. Ejecuciones, torturas y represión fueron las realidades y las palabras que persiguieron a todos los verdaderos demócratas por encima de sus disputas y sus diferencias. Me siento heredero de todos ellos. Mi respeto va dirigido a todos ellos.


La importancia de Suárez como demócrata tiene poco que ver con su colaboración con el Rey. Más valor, sin duda, tienen sus diferencias. Al colaborar con el Rey, Suárez no fue más que uno de los franquistas que quiso perpetuarse en la España oficial. Su labor como demócrata empezó de verdad no al ser designado presidente de Gobierno por Juan Carlos I, heredero de Franco, sino al ganar unas elecciones.

Hoy quizás se nos olvida el verdadero lugar ocupado por el Rey en los años de la llamada Transición. Una prensa sumisa no tenía permiso para comentar su historia, sus historietas, sus amoríos, sus negocios. Juan Carlos ejerció durante años como heredero de un dictador. La prensa soportaba problemas incluso para publicar una foto de primer plano en la que el monarca no estuviese agraciado. Un Rey con una nariz grande podía convertirse en un conflicto de Estado.

En esa situación, Adolfo Suarez llegó a creerse la democracia. Se atrevió a recordarle al Rey que un presidente de Gobierno era alguien elegido por los ciudadanos, alguien que no dependía del poder borbónico. Eso le complicó la vida. Los lectores de Anatomía de un instante, el libro de Javier Cercas sobre el golpe del teniente coronel Tejero, han podido enterarse en muy buena prosa de los desprecios del Rey y de su actitud hostil contra Suárez. El heredero de Franco no resistía que un presidente democrático se sintiera independiente ante sus interferencias. La coyuntura que propició el golpe de Estado del 23 de febrero tiene que ver con el deseo de cambiar a Suárez por el general Armada, un militar de devociones monárquicas.

Suárez merece respeto por haber defendido la independencia de la política frente a las intervenciones de la monarquía. Y sufrió por ello. Y fue expulsado de la presidencia por ello. Por eso resulta tan patético el esfuerzo de la prensa oficial para extender la mitología de la amistad de Suárez y el Rey. Cuando ya no existía su padre, hundido en la nada del alzheimer, Adolfo Suárez hijo recibió un premio periodístico importante por una foto en la que colocó al expresidente Suárez con el monarca en actitud de complicidad. ¡Qué desprecio al valor del verdadero fotoperiodismo! Fue una manipulación escandalosa. El anuncio por anticipado del fallecimiento inminente ha supuesto otra manipulación para facilitar el circo mediático y para volver a los cánticos en favor de la Transición cuando el prestigio del Rey anda por los suelos.

Descanse en paz Adolfo Suárez, un personaje que debe pasar a la historia. Pero no por representar a sus compañeros, que se portaron con él como lobos descarnados, sino por haber asumido una dignidad muy extraña entre los suyos.

miércoles, 19 de marzo de 2014

¿Dónde estás, Catherine?

Adrián Vidales, Politólogo-Esp. Estudios Internacionales. Colaborando en @ElOrdenMundial. Miembro de @CCEuropa. Y estudiando Derecho en la UNED.

Articulo publicado en CC/Europa, 13 de marzo de 2014

Si hay algo que cualquier europeísta tiene claro es que la UE es un sujeto peculiar en la sociedad internacional. Mientras a nivel económico y comercial, la Unión Europea es un actor plenamente operativo, en lo puramente político no termina de definir su identidad o sus prioridades. Resultan notorios los avances cosechados en el ámbito económico de la integración: tenemos una unión aduanera, una unión bancaria y hasta una moneda única; pero en cuanto nos adentramos en el terreno más estrictamente político, el proceso de integración comienza a renquear. En este artículo quisiera dirigir la atención del lector hacia uno de los aspectos más largamente deseados y, sin embargo, más escasamente implementados de la política comunitaria: la política exterior y de seguridad común, o PESC.
La PESC es uno de los pilares de actuación sobre los que se asienta la acción exterior de la Unión Europea. Dirigida por el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (cargo ocupado actualmente por Catherine Ashton) la PESC trata de articular las relaciones internacionales y la política exterior del conjunto de la Unión, así como las capacidades en materias de Defensa (organizadas en torno a la Política Europea de Seguridad y Defensa, o PESD). Si bien la Política Exterior y de Seguridad Común, como tal, nació con la entrada en vigor del Tratado de Maastricht en 1993, cuenta con antecedentes como la Comunidad Europea de Defensa o la Cooperación Política Europea; experimentos que, o bien fracasaron o bien pronto demostraron su insuficiencia por estar insertos en una lógica intergubernamental. La PESC sufre exactamente de la misma dolencia.
La falta de coherencia en la Acción Exterior europea, a la que la PESC trató de dar respuesta hace ya 21 años, se encuentra íntimamente ligada a la escasa profundidad del proceso de integración en esta parcela estrictamente política. Aun siendo cierto que los procedimientos de cooperación y consulta implementados desde entonces han hecho evolucionar la situación, lo cierto es que la cuestión de fondo sigue sin ser abordada. Así, el Tratado de Lisboa, al exigir la unanimidad en la toma de decisiones en el Consejo Europeo (máximo órgano decisorio de la UE en materia de política exterior) refleja la consolidación de la naturaleza intergubernamental de la PESC y, por tanto, su dependencia de la voluntad de unos Estados miembros que tradicionalmente se han resistido, y se siguen resistiendo, a ceder uno de los elementos del denominado “núcleo duro de la soberanía nacional”. Y la crisis en Ucrania ha puesto de manifiesto las carencias de esta concepción.
La Unión Europa se enfrenta en estos días a una emergencia de carácter distinto de las que han afectado al club comunitario en los últimos años. Frente a peligros como la quiebra del sistema bancario europeo o el hundimiento del euro, la UE se enfrenta en Ucrania a un escenario estrictamente político: la posibilidad de una guerra en uno de los Estados clave en el tablero geopolítico europeo. Con el agravante de que, en esta ocasión, el rival a batir es Rusia, unida a la UE por grandes lazos comerciales y energéticos.
Y una vez más, las carencias de la PESC han salido a la superficie, en forma, por un lado, de división en cuanto a la respuesta a dar; y por otro, de absoluto protagonismo de los líderes nacionales en detrimento de los comunitarios. En cuanto al primero de los problemas apuntados, las divergencias son claras entre unos socios exsoviéticos (con Polonia a la cabeza) que demandan mano dura contra el Kremlin y apoyados por Reino Unido, que sigue la estela marcada por un Obama que reaccionó antes que nadie; y otros socios, con Alemania como principal referente, reacios a enfrentarse abiertamente a una Rusia de la que dependen energéticamente, y que en un principio apostaron por el diálogo y la contención. Finalmente, como no podía ser de otra forma tratándose de la UE, se llegó a un acuerdo de mínimos que establecía las primeras sanciones a Rusia, concretamente, la suspensión de las negociaciones bilaterales para la liberalización de visados y las del nuevo acuerdo de asociación UE-Rusia que debía firmarse en los próximos meses, así como una declaración de ir más lejos en el camino de las sanciones si fuera necesario. Una respuesta de lo más tibia ante la política de hechos consumados del Kremlin.
¿Y quién está llevando la voz cantante por parte europea en esta crisis? Los de siempre. Cuando Rusia comenzó a desplegar sus tropas en territorio crimeo, todos los ojos se volvieron hacia Berlín, no hacia Bruselas. No fue Ashton quien mantuvo esa conversación telefónica con Putin en la que se convenció al dirigente ruso de sentarse a la mesa de contactos. Y tampoco fue Ashton quien amenazó a Rusia con nuevas sanciones en el Consejo Europeo previsto para el lunes 17 si persiste en su actitud; fue el primer ministro británico, otro de los protagonistas en los últimos días.
La crisis ucraniana ha vuelto a destapar las vergüenzas del proceso comunitario de integración política, y ha marcado un nuevo capítulo en la eterna confrontación entre federalismo e intergubermentalismo que viene lastrando a la UE desde sus orígenes. Una vez más, resulta evidente la necesidad de implementar, de una vez por todas, una política exterior y de defensa común efectiva que permita que la Unión Europea hable con una sola voz contundente en materia internacional; y que, asimismo, dote a la organización de capacidad operativa para dar una respuesta defensiva conjunta en caso de ser necesaria. El Tratado de Lisboa ha introducido la “cláusula de asistencia mutua” que establece que “si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance.” ¿Pero tiene la UE, a día de hoy, capacidad para cumplir dicha cláusula?
Decía el expresidente polaco Lej Kachinsky una frase inquietante: “Primero será Georgia, luego Ucrania, después los países bálticos, y finalmente Polonia.” La primera pieza del puzzle ya fue neutralizada en 2008; la segunda va camino de serlo. Pero la tercera y la cuarta son socios comunitarios. ¿Estará la Unión Europea preparada para responder si finalmente se cumple esta inquietante profecía?

viernes, 14 de marzo de 2014

Los riesgos de olvidarse de los Derechos Humanos

Francisco González de Tena, doctor en Sociología y actual presidente de la Federación Coordinadora X 24 (de asociaciones de Víctimas por el Robo de Niños en España)



En estos días ve la luz de las librerías mi ensayo “Nos encargamos de todo”. Robo y tráfico de niños en España (editorial Clave Intelectual). En menos de doscientas cincuenta páginas de este libro no es posible el desarrollo que ese inmenso drama, que sin duda pesará durante años sobre la sociedad española. El objetivo del ensayo no es dar todas las respuestas, objetivo claramente imposible a las fuerzas  individuales, sino plantear las numerosas preguntas que el tema despierta y ofrecer algunas de las múltiples conclusiones que han aflorado tras casi un lustro de trabajo de investigación, pegado a las personas que siguen sufriendo el dolor permanente y la impotencia ante una Justicia ineficiente, y que tienen como resultado la sensación de frustración que genera nuevas cuestiones. Pero al menos tenemos ahora una base para analizar, con la objetividad que da la experiencia, las circunstancias y el contexto sociocultural en el que se produjeron los hechos delictivos que provocaron este problema de Estado.
Esta cuestión de Estado ha sido tomada por el actual Ejecutivo como un ataque a su control prácticamente absoluto de los instrumentos del Estado. Y esa amenaza ya se anuncia inminente, con la toma en consideración de los casos denunciados (sin duda una parte menor de los existentes) por parte de las Agencias de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Justicia Universal, a pesar de las groseras trampas urdidas para eludir esas responsabilidades como estorbar escandalosamente la acción de la Justicia argentina (caso de la Querella en aquél país), o limitarse a dar buenas palabras, sin acción efectiva, tras la visita de trabajo del Relator Especial de NN.UU. Pablo de Greiff. Ahora se abre la puerta para que la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo tome en consideración, de forma global, los Casos de Niños Robados. Ante toda esa acción concertada que viene desde instancias internacionales el Ejecutivo prepara estrategias evasivas de las que sin duda tendremos abundantes indicios muy pronto.
La dimensión internacional de estos delitos no debería sorprender a nadie, y menos a quienes eran conscientes desde enero de 2012, nada más llegar al ejercicio del poder absoluto, de los riesgos que conllevan estos delitos permanentes. Quizás sea una minúscula asociación de víctimas, el Colectivo Sin Identidad, de Canarias, el elemento más inquietante para el ministro que, con sus actos y empeños, más desvirtúa el sentido último de la Justicia que predica su título. Todo apunta a que conoce, o debiera conocer, la enorme dimensión a que obligan de los artículos 7 y 8, especialmente, del Instrumento ratificado por España en 1990, incorporando de hecho la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño al Derecho interno de España. Para los desmemoriados es preciso repetir que el apartado 2 de ese artículo 8 proclama la protección especial “cuando un niño sea privado ilegalmente de alguno de los elementos de su identidad o de todos ellos, los Estados Parte deberán prestar la asistencia y protección apropiadas con miras a restablecer rápidamente su identidad.” Acostumbrados como estamos a que estos gobernantes utilicen todas las trampas posibles de los tahúres leguleyos para eludir sus responsabilidades, como aducir como procedimientos en marcha (a la petición de explicaciones por NN.UU.) todo lo archivado tras la artera expulsión de Garzón por su interés contra los crímenes del Franquismo, también nos tememos que se agarren a la excusa de la prescripción u otras como la extemporaneidad de la ratificación de estos instrumentos de protección infantil. Pero deliberadamente olvidan que esta legislación universal emanada de NN.UU. trae causa tan antigua como la Declaración de Ginebra de 1924 sobre los Derechos del Niño, que obliga erga omnes desde hace noventa años a tomar medidas efectivas para la protección de Derechos Fundamentales. Es hipócrita el levantar la bandera de algo tan rebuscado como el nasciturus (expresión manipulada de forma interesada por la Iglesia de una figura del Derecho Romano, y además sacada de contexto legal) cuando se está condenando a ciudadanos de pleno derecho, como los actuales disminuidos sin protección o los escolares desnutridos, para amoldarse a las exigencias eclesiales sin base real y científica, al tiempo que se olvida algo tan esencial como la Solidaridad con la Humanidad viva.     
Desde ese Colectivo canario antes mencionado se le reclamó a ministro Gallardón, y en concreto a la Fiscalía General del Estado, la protección necesaria para acceder a instrumentos básicos e imprescindibles para tener las referencias documentales necesarias para restablecer, sin sombras interesadas o dudas, las identidades robadas a esos antiguos internos en las Casa Cuna de Tenerife o de las Palmas. La práctica totalidad de esas evidencias documentales están tapiadas bajo custodia férrea de la Iglesia, en archivos reputados como privados pero que contienen datos importantes sobre esas identidades dolosamente alteradas. 
Sobre algunas de estas cuestiones esenciales trata de arrojar algo de luz el ensayo arriba mencionado. Puede ser una herramienta de reflexión en tiempos tan convulsos y tan necesitados de referentes sensatos, pero en todo caso se trata de una aportación, sin duda limitada, para conocer con datos el origen y la probable dimensión de algo muy peligroso socialmente y que, lo queramos o no, afecta gravemente a la convivencia ciudadana. Y una llamada de atención para quienes, debiendo ser los vigilantes de la defensa práctica de los Derechos Humanos, aquí con respecto a los niños que todos fuimos (y hoy para con los ciudadanos actuales), eluden de forma descarada su aplicación con falsas estrategias.