jueves, 27 de febrero de 2014

LA IZQUIERDA ABIERTA A LOS CIUDADANOS.

Artículo publicado en la revista R@mbla.

UNA DEMOCRACIA REAL CONSISTE EN GOBERNAR PARA LOS CIUDADANOS, NO CONTRA ELLOS.
El pasado domingo día 2 de febrero tuvo lugar, en los sótanos de la sede de Izquierda Abierta de Madrid, la escenificación más elocuente del cambio que la ciudadanía está reclamando en el funcionamiento de los partidos políticos, en la naturaleza de su relación con la calle, en su razón de ser dentro de una sociedad verdaderamente democrática.
Cinco candidatos habían conseguido los avales necesarios, dentro de la formación, para iniciar la carrera por el voto y a partir de ahí se pidió la participación de la ciudadanía en el proceso, pero hay que decir que también antes cualquier ciudadano, perteneciera o no a IzAb, podía unirse a la iniciativa y concurrir en la búsqueda de dichos avales. Prueba de esa renovación interna que late en el impulso fundacional de IzAb (abrir los partidos a la calle e integrar a la ciudadanía en el proceso democrático) es que dos de los cinco candidatos, a través de un proceso de primarias abiertas, no pertenecen a la formación, la media de edad debe andar por los treinta años y ninguno de los cinco ha ocupado cargos en la administración pública ni es un “profesional de la política.”
Llama la atención el hecho de que lo primero que uno ve al entrar en la sede de IzAb, situada al final de la Ribera Baja de Curtidores en pleno Rastro de Madrid, sean una librería a la izquierda y una cafetería a la derecha, sin connotaciones políticas de arco parlamentario en esta distribución geográfica, sino compartiendo el mismo espacio amplio y abierto en ventanales a la calle; sin recepcionistas adornadas con “pinganillo” telefónico, guardias de seguridad ni detectores de metales. Sólo libros y café.
Ya se conoce ese defecto congénito de la gente de izquierdas, esa inclinación morbosa a leer libros, a informarse bien, a sospechar de las verdades oficiales como el primer indicio de una gran mentira, a no estar conforme, a pedir explicaciones. Esa costumbre familiar de hablar unos con otros y no estar de acuerdo; de someterlo todo a votación previo debate y luego escindirse en desacuerdo con el resultado obtenido, cada uno con su postura intacta, como los átomos centrífugos de una explosión nuclear.
Se diría que para la gente de izquierdas ponerse de acuerdo en algo de cara a una acción urgente e inmediata, una iniciativa como ésta, que además es novedosa en el ámbito del funcionamiento de los partidos políticos, debería resultar poco menos que imposible y tendría que haberse atomizado ya en una nube de disidencias unipersonales. Sin embargo, contra todo pronóstico, han pasado dos años desde la creación de esta corriente dentro de Izquierda Unida y, en un tiempo récord, el partido se ha abierto a la calle, ha promovido un proceso de primarias y hoy, cinco candidatos se presentan a unas elecciones al parlamento europeo sin que el proyecto haya sucumbido disuelto en tediosas discusiones bizantinas y sin que hayan tenido que mediar las cuchilladas en la búsqueda de poder.
Un mal tópico sólo sirve para hacer buenos chistes y el movimiento se demuestra andando, que es una forma de decir que la realidad es una creación de la voluntad. Personalmente pienso que, dada la urgencia de unir a la izquierda en un frente común eficaz y operativo, esta iniciativa de cara a las europeas puede convertirse en ese deseado nexo de unión, ese pivote sobre el que gire la amplia contestación que desde hace tiempo bulle en la izquierda contra las políticas austericidas de corte neoliberal con que nos agreden desde Europa; como lo ha sido el fenómeno de las MAREAS que, pese a su orientación original como grupos de reivindicación centrados en demandas sectoriales, han acabado por concitar la adhesión del conjunto de la ciudadanía en la defensa de lo que, a fin de cuentas, es propiedad de todos como la Sanidad, la Educación, la Banca pública o los derechos sociales.
Aunque los cinco candidatos que presenta IzAb a las elecciones europeas provienen de orígenes variados, confluyen en un frente común que comparte un ideario y un proyecto amplio, más allá de sus propuestas inmediatas a título individual. La ciudadanía habrá de decidir cuál de ellas le parece más necesaria, más urgente en el contexto actual, con la seguridad de que, elija al candidato que elija, las propuestas y necesidades más básicas y urgentes de los ciudadanos serán defendidas por el candidito elegido.
Con esta iniciativa, IzAb lanza un mensaje claro a la ciudadanía y al resto de las formaciones políticas:
El partido está abierto a la calle y a partir de este momento ya no valen parches de última hora para hurtar el acceso de los ciudadanos a la política.
Izquierda Abierta, que se inscribió oficialmente como partido el 6 de febrero de 2012, es una corriente interna dentro de Izquierda Unida con una profunda conciencia de regeneración desde dentro del partido. Su primera asamblea constituyente se celebró el 22 de septiembre del mismo año en El Ateneo de Madrid. En esta reunión, se eligió al Consejo Político y al Consejo Federal, que está formado por activistas conocidos de la izquierda como son:
Almudena Grandes, Luis García Montero, Teresa Aranguren, Azucena Rodríguez, Ángel Requena, Antonio Cortés, Andrés Ocaña Rabadán o Carlos Berzosa, con Gaspar Llamazares y Montserrat Muñoz como coportavoces. Desde ese día 22 de septiembre, se pusieron de manifiesto sus pilares ideológicos básicos, su carácter federalista, laicista, republicanita y su objetivo de tender la mano a todo el abanico político de la izquierda -dentro y fuera de Izquierda Unida, dentro y fuera de los partidos, compartiendo las mismas aspiraciones que las diferentes plataformas ciudadanas como son el 15-M, las Mareas o Plataforma Antidesahucios, creadas en los últimos años- en un marco de diálogo, acuerdo y frente de mínimo común denominador, que represente la verdadera dimensión de la izquierda en el actual arco parlamentario como forma eficaz y urgente de contrarrestar la arraigada gestión económica de demolición del Estado social de derecho.
Algunas las tareas más urgentes que se ha propuesto IzAb son: frenar las gestiones intervencionistas de los mercados en la política (la formación posee un marcado rasgo antineoliberal), configurar un nuevo modelo de Estado donde la ley electoral sea equitativa y realmente democrática, que obedezca a un sistema representativo en el reparto de votos y que, por otro lado, siembre la costumbre de promover primarias con listas abiertas, para que jamás vuelva a producirse la injusticia de que los que gobiernan desatienden la voz, las necesidades y los derechos de los ciudadanos. Del mismo modo, erradicar los macro y microsistemas sistemas de gobierno que obedecen a los clientelismos y corruptelas institucionalizadas y que hoy, se ven amparados por el aparato de los partidos, que a su vez se vale de la impunidad fiscal e histórica existente.
El resultado de toda esta oscuridad, de esta democracia de escaparate, es que la población española sufre una estafa económica y una crisis de valores sociales y cívicos. Es un saqueo- me niego a seguir llamándolo crisis porque eso supone estar muy lejos de salir de ello.
Esta formación está estructurada en 17 federaciones territoriales con representación en la Coordinadora Federal; éstas son: Andalucía, Madrid, Galicia, Asturias, Cantabria, Navarra, La Rioja, Aragón, Cataluña Castilla y León, Extremadura, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Illes Balears, Murcia, Canarias y Ceuta. Además, están adheridos grupos políticos como Ezker Batua-Berdeak (asociada a IAb, Ezker Batua en el País Vasco), Red Verde, Convergencia por Extremadura y X Tenerife.
En el camino que hemos iniciado no sobra nadie; sin embargo es la fuerza de la unión la que habrá de llevar de una manera eficaz las demandas de los más desfavorecidos al mismo centro de las decisiones políticas europeas.
Europa volverá a ser de los ciudadanos cuando los partidos se abran a la calle.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Europa nos duele; cambiémosla

Publicado en publico.es el 29 de enero de 2014

Tasio Oliver, Portavoz de Izquierda Abierta Córdoba y Secretario Federal Adjunto de Política Institucional de IU.

Europa duele hoy y suena a duelo el solo nombre de su condición: el dinero. Europa arde aquí y allá, porque la ciudadanía quiere ser, y ejercer, como ciudadana, quiere intervenir, formar parte, hablar, y ser escuchada, participar… Sólo recibe imposiciones desafectas y rodillos insoportables que liman su calidad de vida, su dignidad como personas y su condición soberana y libre como ciudadanos/as.

La eterna inflexión de las conciencias se ha roto en Europa. El continente de la lucha por la emancipación y la justicia sociales ha quebrado su esencia, y ahora desperdigada en migajas, por miles de rincones, barrios y ciudades, ese pasado maltrecho. La Europa sinónimo y encarnación de las ansias de bienestar de la mayoría social, hoy suena mal, huele peor, y es un triste remedo de lo que pretendía ser hace apenas medio siglo.

La deriva antisocial de unas instituciones desvividas por curar las heridas del gran capital financiero; de unos políticos alejados de la ciudadanía, en cenáculos escasamente democráticos, pero que, en cambio inciden sobre el 60% de nuestra capacidad ejecutiva; la sombra buitrera de los lobbies que sobrevuelan por Bruselas, hacen que el flujo entero de nuestra calidad democrática, en primer momento, y de vida, al fin, estén pervertidos.

La desconexión abisal entre los intereses de la real politik que define el camino europeo, y el clamor de la mayoría social, que quiere transgredir esa senda, hoy es una falla insalvable. El pueblo sabe, y grita, sobre todo en el sur, contra la encerrona sin solución de la moderación del déficit; contra la pantomima de la competitividad empresarial; contra esas instituciones y sus modos. Está pues abonado el terreno de la desafección para que el fantasma de un renovado euro-nazismo campe a sus anchas… O de una respuesta social, mayoritaria y efectiva, paneuropea y que trascienda el actual modelo del marco europeo.

La realidad de aquella Europa de esperanza hoy ha devenido en dolor, siendo más sangrante que nunca esa dolencia. Digamos basta; abramos Europa, definámosla de nuevo; marquemos el paso del nuevo escenario. Digamos, ahora, más Europa, pero otra Europa, distinta, diferente, casi opuesta… Mejor.

En ese escenario, las posiciones políticas de la izquierda divergen, y hasta el solo efluvio de recuperar determinadas dinámicas socialdemócratas parece revolucionario, suficiente, algo… Pero no lo es; el reto es acerca de dibujar un nuevo horizonte, por completo, el nuevo escenario de una Europa renovada; nuevas normas, nuevas instituciones, nuevos actores. No hay más.

Pero este nuevo relato que tenemos que tensar entre todos/as, no dará sus frutos, ni movilizará a una mayoría social paneuropea, si no articula un triple discurso, al menos: 1) Obvio, la recuperación necesaria de políticas que incidan en la redistribución de la riqueza y la intervención económica por el bien de la mayoría 2) Una apuesta clara por la redistribución del poder, la recuperación de derechos ciudadanos y la creación de espacios de democracia participativa 3) Una asunción de máximos sobre la corporeidad democrática de la Unión: proceso constituyente.

El peligro es el discurso antieuropeísta trascendido de la derecha más radical, cuyo lenguaje directo a la víscera, está más cerca de tensionar el main stream de la Unión que la narración de un cambio en Europa por motivos de clase… ¿Y la respuesta? La tenemos las izquierdas; en forma de unidad, de asunción de nuevos roles, ejemplificado en la puesta en marcha de nuevos procesos, que generen liderazgos diferentes.

Ante la inconexa muerte de las instituciones europeas, manijeras de causas e intereses, algunos, debiéramos ser todos, decimos más Europa, pero una Europa radicalmente social, profundamente democrática y esencialmente participada y solidaria.

martes, 25 de febrero de 2014

Muchas izquierdas para un mismo propósito

Publicado en publico.es el 23 de febrero de 2014

Pedro Chaves Giraldo, coportavoz de Izquierda Abierta Madrid, P rofesor de Ciencia Política y miembro deEcononuestra.

He seguido con tanto interés como pasión el florido y sustantivo debate entre dos Juan Carlos, Escudier y Monedero. Y no pretendo interferir en la parte de cuitas personales que parecen expresar dos personas que se tratan repetidamente como amigos. En esto, como en otras cosas, los triángulos suelen ser una figura geométrica muy problemática.

Pero de lo que hablan y sobre lo que opinan les interesa a ellos, es evidente, pero también a muchas otras personas. A fin de cuentas, el texto y el subtexto se interroga sobre las oportunidades de una izquierda, digna de tal nombre, en el contexto español y europeo. Pero también sobre los ejes –vectores les llama Juan Carlos Monedero, tanto da- sobre los que hacer pivotar una estrategia de representación en la izquierda alternativa. Y no es eso todo, también sobre la utilidad entendida en términos de conveniencia temporal: ¿era este el momento para intentar una aventura nueva en el espacio de la izquierda?.

De nada de esto estaríamos discutiendo si Podemos no hubiera resuelto con éxito dos de la tareas que se impone una fuerza política que nace y que rara vez se consigue: situar su aparición en el centro de la agenda política del espacio que pretende ocupar y convertirse, desde el inicio, en un fenómeno social en ese espacio. Ninguna de las dos cosas pueden ser negadas y entenderlas y gestionarlas puede ayudarnos a todos/as a vivir estas y otras experiencias como oportunidades o como una trinchera. Por convicción prefiero pensar en la primera de las alternativas, en parte por las mismas razones por las que Juan Carlos Escudier señala respecto a las escasas diferencias programáticas entre Podemos e Izquierda Unida.

Si hablamos de contenidos, de propuestas, cualquiera de los dos vectores a los que hace referencia Monedero llevan presentes tiempo, de una u otra manera, en el espacio de la izquierda alternativa. Forman parte de la práctica y de los enunciados de diferentes organizaciones de izquierda, de diferentes tipos y pelajes y en diferentes lugares del estado. En primer lugar la defensa de una propuesta de Estado social y democrático donde se garanticen derechos esenciales y se construya una perspectiva de vida digna para la mayoría ha sido la práctica común de IU –pero no solo- prácticamente desde su surgimiento. Incluso en los peores momentos de su reciente historia esta capacidad del “hermano mayor” para haberse posicionado sin ambages contra las políticas de liberalización, flexibilización y privatización, contra el recorte de derechos en el trabajo, en la igualdad etc.. forma parte de un patrimonio que trasciende con mucho los muros de IU, es un cofre que atesora la resistencia tenaz de millones de personas frente a la voracidad de los menos y que nos pertenece a todos/as. Si no valoramos el papel que IU ha jugado en este escenario, empezamos a despistarnos.

El segundo eje o vector tampoco es nuevo: la reforma de la política con mayor o menor radicalidad, ha sido enunciado de diferentes maneras y con diferentes propuestas desde muchos lugares. En este punto la idea ha sido y es un nuevo proceso constituyente que haga posible deliberar y cambiar nuestras instituciones representativas y que afecta a todos los órdenes: el tipo de instituciones, la relación con la comunidad política, el sistema de partidos y sus obligaciones democráticas, el mandato imperativo, la rotación de los cargos etc…

Estos dos ejes han sido la piedra angular de las demandas del 15M y su legado enPodemos es más que evidente, aunque no solo en Podemos. Nadie hoy en la izquierda alternativa puede hacer como que el movimiento de los indignados no existió.

Por mi parte, añadiría que hay un tercer eje sin el cual buena parte de los dos anteriores o son incomprensibles o son imposibles de gestionar en términos de propuesta: La Unión Europea. En este punto creo que el desarrollo propositivo dePodemos está muy por detrás de los acontecimientos. En su Manifiesto de convocatoria, la crisis de legitimidad de la Unión Europea es solo una excusa para justificar la constitución de este nuevo partido-movimiento. Pero ni en artículos ni en intervenciones posteriores el tema de la UE, de la situación del proceso de integración, de la realidad institucional, de la nueva gobernanza económica de la Unión y sus constricciones para las economías estatales, etc.. forma parte del debate y de la articulación de enunciados y propuestas. Y contestar a la pregunta: ¿qué hacemos con la UE? es hoy una de las claves para poder entender las propuestas de los dos ejes anteriores.

Quiero creer que esto tiene más que ver con el “no hemos tenido tiempo de ocuparnos de eso” que con una posición de indiferencia respecto a la trascendencia de este elemento. La UE no es política exterior en nuestro país y los problemas a los que la izquierda alternativa quiere dar respuesta, reconocen en la UE el escenario, tan inevitable como imprescindible, del conflicto político y social.
A lo que me parece, la novedad y el éxito de Podemos no radica tanto en su capacidad de enunciación de lo nuevo –limitada-, como en su irrupción organizativa y generacional. Respecto a lo primero conviene sugerir alguna pista que podría convertirse, eventualmente, en una oportunidad: Podemos es también el resultado de los errores del “hermano mayor”. No es muy comprensible la resistencia de IU a haber impulsado ahora y no más adelante el proyecto de SUMA y haberlo convertido en un articulador de la representación social y política contra las políticas austericidas del gobierno de Rajoy y de la troika. Era y es evidente que los millones de personas que se han movilizado desde hace varios años contra la lógica de privatización+recortes de derechos reclamaban un espacio amplio de representación que fuera más allá de las siglas existentes.

El fiasco de la experiencia de SUMA puso sobre la pista de donde estaban las oportunidades y Podemos ha irrumpido para ocupar ese espacio con éxito hasta ahora, visto lo visto.

En lo que hace a la organización y al sesgo generacional, Podemos ha ofrecido un espacio de articulación que parece sugerir un proceso de construcción más horizontal y participativo que otras experiencias. Y eso ha animado a una buena cantidad de gente que estaba en la periferia de la militancia, pero con niveles muy altos de politización a sumarse a la iniciativa o bien a considerarla con interés, que no es poco. En realidad este será el nudo gordiano de esta experiencia: su capacidad para generar dinámicas de empoderamiento y participación desde ya.

Para que la evocación del 15M y su legado no sea como la cocina postmoderna: un lugar en el que las cosas nunca son lo que dicen ser, la representación en Podemosdeberá pasar el umbral de unas primarias o similar en los que puedan practicarse cosas que el Manifiesto de Podemos anuncia: la participación en la configuración del programa y en la elección paritaria de los cargos electos.
En este punto, Podemos es, una vez más, el resultado de los errores de otros. La negativa de IU a realizar primarias desalienta a muchas personas que necesitan algo más que la marca para identificarse con el proyecto.

La situación puede vivirse como la muestra de nuestra genética tendencia a dividirnos y fracturarnos o como la expresión de las diferentes culturas y tradiciones que conviven en las izquierdas y de las razones por las que aparecen diferentes expresiones representativas. A mi juicio esta es una oportunidad para entender que hay espacios que pueden y deben ser representados de maneras diferentes y que esa realidad no tienen porque, necesariamente, generar confrontación y rechazo. Sería triste que el final de este viaje fuera la división de la izquierda alternativa. Y aunque no sabemos lo que puede arreglarse ya de cara a las elecciones europeas, puede y debe ponerse mucha inteligencia al servicio de crear puentes que transiten por encima de lo que se anuncia como una competencia de cara a los próximos comicios.

Para mi no es relevante si Podemos sacará o no buenos resultados ni que querrá decir esto exactamente, pero su aparición y su –hasta ahora- consolidación nos deberían ayudar a entender que había un espacio social y político que reclamaba otro modelo de representación y otros liderazgos. Entender eso, sin acritud, con normalidad, es esencial para pensar en caminar juntos.
Otros deberán entender que las izquierdas no empiezan y terminan donde ellos deciden en cada momento, y que ese ejercicio de sana humildad es imprescindible para no convertir la esperanza de mucha gente en una frustración más.

viernes, 7 de febrero de 2014

Comprensión

Almudena Grandes, nuestra compañera escritora

Articulo publicado el 3 de febrero de 2014 en:

http://elpais.com/elpais/2014/02/01/opinion/1391277589_668700.html


A los españoles de mi edad nadie tiene que recordarnos lo que fue ETA. Crecimos, vivimos, maduramos bajo la sanguinaria sombra del terrorismo.

 

Soy española, tengo 53 años y me acuerdo de todo. Desde el atentado de Carrero Blanco hasta el de la T-4, una lista larguísima de víctimas, el miedo con el que encendíamos el televisor a la hora de comer, aquellas fotos de carné de un hombre joven y la voz del locutor, deja mujer y tres hijos, el nudo en el estómago que la llegada de la democracia no relajó, que se fue haciendo más duro, más insoportable día tras día. A los españoles de mi edad nadie tiene que recordarnos lo que fue ETA. Crecimos, vivimos, maduramos bajo la sanguinaria sombra del terrorismo. Por eso me resulta tan difícil escribir esta columna.

Un nuevo partido, Vox, nace para reprocharle al Gobierno que haya cumplido una sentencia cuya aplicación no dependía de su voluntad. La derogación de la doctrina Parot deja de ser una cuestión técnica sobre los límites de la retroactividad de una ley, para convertirse en una ofensa intolerable y una señal inequívoca de complicidad con los asesinos. Hasta ahí, el PP se lo tiene muy bien empleado. Quien siembra vientos, recoge tempestades, y este tempestuoso fruto es la cosecha del semillero de votos de ultraderecha que los populares han abonado y cultivado con tanto celo, durante tantos años.

Eso no me inquieta. Al fin y al cabo, que el PP se rompa por la derecha no deja de ser un rasgo de normalidad, que nos homologa con el resto de los países de la UE. Pero la insistencia fanática, de apariencia incluso morbosa, en argumentos de otros tiempos, está provocando en mí efectos indeseables. Porque yo comprendo que después de 26 años de cárcel, una persona sonría al salir a la calle. Que esa comprensión anule la que siento por el dolor, hasta por el rencor, de viudas y huérfanos, para convertirme en cómplice de ETA, me lleva a un lugar donde nunca he querido estar. Y eso es algo que no podré perdonar fácilmente.

viernes, 31 de enero de 2014

Salvar a Siria



Teresa Aranguren, nuestra compañera periodista y escritora, especializada en Próximo Oriente

 Articulo publicado en: 

http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2013/12/27/salvar_siria_11621_1023.html



Me ha costado decidirme a escribir algo sobre Siria. No es fácil construir un argumento cuando lo primero que viene a la mente son oraciones (en el sentido gramatical por favor) adversativas, cuando a cada afirmación le acompaña un pero o un sin embargo, cuando hay más dudas que certezas, cuando lo que era o lo que pensábamos que era lo que estaba ocurriendo se ha trasformando en algo distinto, cuando el levantamiento contra la dictadura, que eso fue– y aquí no hay adversativa que limite el sentido de la afirmación– lo que ocurrió, deviene en una atroz carnicería en la que Siria, la vieja y civilizada Siria, se destruye o está siendo destruida desde dentro que es la forma más eficaz y cruel de destrucción.
Porque a estas alturas del drama, esfumado ya el espejismo de que el régimen caería pronto arrollado por la marea de las entonces triunfantes revoluciones árabes, lo que queda es la desoladora realidad del país devastado y en riesgo de caer en la espiral de la violencia sectaria.

Y cómo se ha llegado a esto? Hay quien tiene respuestas clarísimas: Todo ha sido un complot imperialista para desestabilizar Siria que, bueno, (introduzcan aquí un tonillo condescendiente tipo “qué se le va a hacer, nadie es perfecto”) es una dictadura pero es socialista, laica y sobre todo antiimperialista. En ciertos sectores de la izquierda suelen tener éxito estos análisis en los que todo cuadra en el esquema Imperialismo- antiimperialismo, todo excepto la realidad que tiene la mala costumbre de no cuadrar con los esquemas y salirse por los márgenes. No cuadra esta idea del régimen sirio como bastión del antiimperialismo, con el papel que ha desempeñado en la región desde hace varias décadas. No cuadra con su apoyo a los cristiano-maronitas en la guerra civil libanesa , o a las milicias de Amal contra los refugiados palestinos en los 80, o su integración junto a Arabia Saudí y otros regímenes árabes que digamos no destacan por su antiimperialismo, en la coalición liderada por EEUU que atacó a Irak en el 91, o, no hablemos de ayer sino de ahora mismo, con el cerco al campamento de refugiados palestinos de Yarmuk en las afueras de Damasco que desde hace semanas mantiene su ejército. Si hay un eje directriz de la política exterior del régimen de los Asad, padre e hijo, este ha sido en el ámbito regional ( libanés-palestino básicamente) el mantenimiento de su papel de árbitro entre los distintos grupos confesionales y políticos , no permitiendo que ninguno de ellos consiga una posición hegemónica; en un ámbito más global el hilo conductor sigue siendo su capacidad para establecer alianzas, cambiantes y a veces muy extrañas , que le permitan mantenerse en el poder. Entre otras cosas porque siempre se ha sabido vulnerable.

A diferencia de las dictaduras de Mubarak en Egipto y Ben Ali en Túnez, cuya base social se podría describir como más o menos nacional, la dictadura de los Asad en Siria se asienta en la lealtad de un grupo confesional, los alauitas. El ejército sirio es básicamente, o al menos en sus puestos clave, el ejército de los alauitas. Lealtad y vulnerabilidad. Quien se siente vulnerable es especialmente leal a quien le protege. O dice que le protege. Esa ha sido la gran baza del régimen ante las minorías, alauita y cristiana. Se podría decir que una cierta tensión confesional siempre ha reforzado a la dictadura. Frente a ello los movimientos progresistas y marxistas que hasta mediados de los 80 tuvieron un fuerte protagonismo en la escena política sirio-libanesa, promovían la idea de ciudadanía por encima o al margen de la pertenencia confesional. Fracasaron o fueron derrotados. Y el régimen sirio tuvo un papel decisivo en esa derrota. Pero, en fin, eso ocurrió hace mucho. ¿Y ahora?
Creo que ahora, como entonces, la política de la dictadura siria nada tiene que ver con el antiimperialismo y mucho con la supervivencia. Supervivencia en el poder, claro. Tampoco creo que su derrocamiento haya sido un objetivo prioritario de la política exterior estadounidense, quizás sí de la Saudí. Lo que explica lo fácil que le resultó a la diplomacia rusa, hacerle desistir a Obama de su anunciada intervención. Bastó con ofrecerle la ocasión de salvar la cara. Hay que reconocer el valor de esa diplomacia hábil, discreta y eficaz que es tradición en Rusia desde mucho antes de que el Sr Putin llegase al poder. Gracias a Rusia la intervención militar estadounidense quedó descartada. Pero la guerra, la terrible y cruel guerra de Siria, continúa implacable.


Para su desgracia Siria que es un país pequeño y no tiene petróleo, tiene mucho valor estratégico. De modo que lo que empezó como levantamiento ciudadano contra una dictadura especialmente brutal , se convirtió en seguida en escenario en el que grandes , medianas y hasta pequeñas potencias, globales y regionales, dirimen sus diferencias: Arabia Saudita, Catar y Turquía frente a Irán y de rebote contra su aliado sirio y de rebote también a favor de los rebeldes ; Estados Unidos, Francia, Inglaterra también frente a Irán y de rebote contra Siria y Rusia , aunque ya no tan frontalmente , al fin y al cabo en Teherán hay ahora un gobierno reformista que quiere dialogo con Occidente y en Siria hay demasiados grupos islamistas actuando y mejor no mover demasiado el terreno porque el terreno está minado.

Es cierto, el terreno en Siria está minado. Si las milicias libanesas de Hizbullah entraron abiertamente en combate en apoyo del régimen , miles de combatientes de espíritu yihadista, procedentes de países vecinos y también lejanos, lo han hecho en las filas de la rebelión. Y desde hace tiempo su papel no es de apoyo sino de mando. El Frente Al Nushra, El ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria) y otros grupos más o menos vinculados a al Qaida, se han hecho con las riendas de la lucha armada contra el régimen. Y contra quienes, también en las filas rebeldes, se oponen a ellos.

Un amigo libanés, nada sospechoso de apoyar la dictadura sino todo lo contrario, me dijo hace poco: si tengo que elegir entre el Frente Al Nushra o Bachar Al Asad , elijo a Al Asad. Era el reconocimiento de un fracaso. Y de una nueva realidad. Las líneas de separación en Siria ya no son sólo, el régimen y los rebeldes o si se quiere la revolución frente a la dictadura. Hay otros frentes: islamistas contra el régimen, islamistas contra la oposición laica al régimen, yihadistas contra infieles y el peor de todos, el frente de la violencia sectaria, hasta ahora quizás más una amenaza que una realidad. Pero quien dice que la amenaza no se cumplirá. Las cosas, contrariamente a lo que afirma el dicho, siempre pueden ir a peor.

No sé, porque no hay medio de saberlo, cuantos sirios que, como mi amigo, simpatizaron con la revuelta han cambiado de actitud, tampoco hay medio de saber cuántos por el contrario están dispuestos a continuar la lucha hasta el final. Pero sé, aunque no tenga medio de comprobarlo, que la mayoría de la población siria, los que aún se sienten a salvo en Damasco y los que sobreviven bajo las bombas en Alepo, los que apoyan al régimen y los que luchan contra él, los que han huido y los que esperan regresar, la mayoría de la población de Siria quiere por encima de todo que pare la matanza, que pare la guerra. Y ¿ Acaso no hay nadie capaz de responder a esa demanda? El recurso a La Comunidad Internacional tiene sentido si, en vez de usarse como dispensador de avales que justifiquen las intervenciones militares de EEUU y sus aliados, sirve para forzar la paz. Para eso se creó Naciones Unidas, para forzar la paz. Y hay mecanismos para ello, desde el embargo de armas total, es decir a todos los bandos, a la iniciativa política. Hay mecanismos para parar la guerra, esa es la tarea, la única urgente y necesaria para salvar a Siria.

martes, 28 de enero de 2014

De Madrid al suelo: sobre la necesidad de refundar el Estado



Tasio Oliver

Este artículo tiene aproximadamente un año; pero es completamente vigente ;)


Al llegar el mundo daba vueltas y pasaba todo lo conocido por el hueco de una tuerca mohosa. Al llegar la bruma acompaña la mañana, pero la oscuridad del alma es tan espesa que cae y destroza la carne, y hasta el pensamiento. Ese frío que puede tumbar a un hombre, hoy es la patética metáfora de un Estado a punto de colapsar, y no económicamente, y no materialmente, sino espiritual y éticamente.

La brisa que te hiela la garganta. Tras café y charla mañanera en Sevilla, y almuerzo en Córdoba, con dos de esos maestros políticos que he tenido la suerte de conocer, el tren vespertino te sirve para recapacitar: millones de euros en Suiza y una amnistía fiscal que prima el dinero negro y la sinvergonzonería; la cúpula del partido en el poder repartiéndose sobres de dinero desde hace 15 años: ¿a cambio de qué? ¿quiénes pagaban?; la misma cúpula, el mismo partido, con sus mismos próceres y medios de intoxicación llenando la boca de grandes frases huecas (aún hoy, qué patético) contra la corrupción: de otros se entiende; la podredumbre hecha cínica materia de marketing.

La Constitución, intocable en lo Federal, se reforma exactamente para limitar el gasto social, sin preguntarle al pueblo que la ascendió como norma esencial; los partidos que se presentan a las elecciones incumplen sus programas electorales porque no hacen lo que prometieron o incluso justo lo contrario de lo que preconizaban: la soberanía popular mancillada, cercenada, violada, sustituida por los mandatos de grandes corporaciones y organizaciones-internacionales-financieras-no electas, no democráticas, no fiscalizadas. Parece slam, pero es un verso de negra muerte para muchos.

La Casa Real manchada, con las manos llenas de mierda y haciendo escrupulosos mohines de rechazo que apestan al resto de la sociedad… El secretario de las infantas, el duque de las manos sucias, al monarca intercediendo para sus amiguetes… La casa real. Rajoy les tranquiliza, le irá bien a esa familia: ¿qué sabe más que el resto? ¿qué sabe más que los jueces?

Y mientras 6.000.000 de parados; el 55% de los jóvenes; muchas familias con todos sus miembros en paro desde hace más de dos años; la pobreza de nuestros hijos y la corrupción del PP (o del PSOE), son las mismas cosas. Mientras se recortan los mecanismos de emancipación e igualdad que los Estados sociales preveían: menos y peor educación pública; menos y peor sanidad pública; menos y peor políticas sociales… Peores y cada vez más expeditivas condiciones laborales. 

Yo no aguanto más. Nadie aguanta más. El suelo bajo nuestros pies es el techo de las aspiraciones de emancipación y bienestar de todo un país, de varias generaciones de incrédulos españoles que lagrimean murmullando “¿cómo coño es posible tal cantidad de mierda e indecencia?”; no estamos pisando ese suelo: estamos a cuatro metros de lodo bajo él. Yo no aguanto más. Nadie aguanta más.

La derecha empieza con su retahíla de ladridos cuyo ruido y supuestas víctimas propiciatorias pretenden que nada cambie estructuralmente, que nadie se mueva demasiado (transición, ese gran concepto político ahora desvirtuado por completo).

Los ciudadanos esperan dimisiones en masa, graves voces internas que pidan responsabilidades, bajas en la militancia de decenas de miles de miembros del Partido Popular. Pero no se producen. Los ciudadanos esperan detenciones y registros masivos en la sede del PP, pero los furgones policiales que cuantiosamente llegan a Génova miran hacia fuera: defienden los despachos. Ya llegará la justicia (eso esperamos, si no llega será el fin de la seudo-democracia-española-moderna). Los ciudadanos esperan.
 
¿Y la izquierda? Debemos pedir un proceso constituyente: la sociedad merece un nuevo sistema. 30 años han servido para que el egoísmo más simplón y peligroso del neoliberalismo salvaje se haya hecho un hueco esencial en las mentes y corazones de millones de españoles: hay que estirparlo. Nada de regeneración, se regenera el tejido sano: transformación.

Re-organizarnos con nuevas instituciones que respondan a las necesidades políticas de la nueva sociedad: radicalmente democráticas, transparentes y participativas. Una nueva Carta Magna que acomode a las federaciones en el seno de un Estado justo y redistributivo. Un Estado social que ayude a la mayoría de los ciudadanos frente a los abusos del capitalismo salvaje o la desmedida codicia del sistema financiero y seudo-político español.

Una República, donde todos los españoles y españolas seamos exactamente iguales ante la Ley y la Ley sea exactamente la expresión de los valores más nobles de la sociedad; la expresión de las necesidades de la mayoría social.

Una República, la III, que sea Federal, Social y Democrática. Es la única forma de construir un nuevo Estado, levantarnos del suelo, y recuperar la ilusión y la decencia de nuestra democracia. Es la única forma que se me ocurre para poder seguir adelante sin definitivamente dejar de intentarlo... Triste.

lunes, 20 de enero de 2014

De desconfianza política, liderazgos y participación: el caso de las primarias

http://www.izquierdabierta.es/primarias/index.php/survey/index?sid=316487&lang=es 

Pedro Chaves Giraldo, Profesor de Ciencia Política y miembro deEcononuestra.

 

Las cifras que expresan la desconfianza hacia la política, los políticos y los partidos políticos son espectaculares, desconocidas, sin precedentes. Cualquier expresión que usemos se queda corta para dar cuenta de un fenómeno que, no siendo nuevo, ha alcanzado cotas sin parangón. Curiosamente, el malestar ciudadano, el cabreo generalizado con lo que ocurre se ha concentrado en la política por razones diversas: porque se ha percibido la colusión de intereses entre la política y los negocios; porque se ha hecho obvio que una parte de las decisiones políticas obedecen a razones no de interés colectivo sino de triste y siniestro afán privado; porque, cuando se ha expresado una voluntad política distinta, no se ha tardado mucho en comprobar la inanidad del enunciado o la fragilidad real de la propuesta. En este grupo de razones pesa mucho el dominio del mercado, la condición mercadocéntrica de nuestras sociedades y el impacto sobre todo el funcionamiento social e institucional.
Otras razones son una respuesta airada a la corrupción de los partidos, al mangoneo puro y duro. Son miles los sumarios de corrupción en los que están involucrados cargos públicos. Y en todos ellos el cargo público era la llave que habría la puerta del tesoro. El gran tesoro de los enanos sin los riesgos de morir calcinado por los volcánicos rugidos del dragón Smaug. Y ha molestado y cabrea no solo la corrupción, que va de suyo, sino la evidencia de que los partidos cuyos cargos habían sido pillados con las manos en la masa, estaban protegiendo a los mangantes. Y que instituciones que podrían y deberían haber frenado ese vórtice negro de la democracia, o se inhibieron o consintieron o se enriquecieron o las tres cosas a la vez.
Lo terrible ha sido observar como el cáncer de la corrupción ha pervertido la fibra moral de la democracia, ha arruinado la moral republicana imprescindible para poder pensar en democracias de calidad. Y más en nuestro país donde la transición primero y la modernización neoliberal después no dejaron siquiera que esa moral alcanzase la adolescencia. Así se explica que el impacto electoral de la corrupción sea cercano a cero. Aún más, que los chorizos simpáticos y que o bien reparten una parte del botín entre mucha gente y/o bien invierten para que las farolas y las aceras del pueblo estén bonitas, mejoran sus resultados electorales. No se si hace falta poner ejemplos.
Estos elementos han crecido al calor de la burbuja inmobiliaria y el boom económico primero y de la gestión de la crisis después. Pero se alimentan también de cuestiones que son propias de los modelos representativos y de la cultura política de cada país. Decía Alvárez Junco y no sin razón, que el elemento más constante de la cultura política en España era la antipolítica. Pues eso desde finales del XIX, por decir algo.
Por otra parte, los sistemas representativos llevan en su ADN un error de origen. Algo así como un fallo sistémico ineludible. La representación es una mediación basada en dos supuestos que no pueden ser demostrados: la primera es que el representante representa de manera efectiva a los representados. Aquí entraríamos en los problemas de agencia, tan conocidos en la ciencia política y que nos obligan a considerar los intereses específicos de los representantes y sus potenciales conflictos con los intereses de los representados. Además de reconocer que no hay ningún buen procedimiento que garantice al mismo tiempo una deliberación de calidad, la eficacia en la toma de decisiones y la consideración sin exclusiones de los intereses más importantes en nombre de un imaginado bien común.
Por último, todos los procedimientos para convertir en representación los deseos de la comunidad política tramitados a través de procesos electorales, tienen algún problema que, en un punto u otro, desvirtúan la voz de la comunidad política.
Así es que en estas estamos. Los problemas de la representación política más los de la desconfianza han generado un nudo de problemas de difícil solución. Lo único que no es una alternativa es no hacer nada. Los partidos enrocados en lo de siempre o pareciéndolo bajo las más variadas excusas contribuye a reforzar la desconfianza y la desazón.
Conviene no olvidar que la desesperanza, en el contexto de la crisis social que padecemos, es el mejor argumento para el incremento del populismo en cualquiera de sus variantes.
Por eso el vector de la participación, la transparencia y la democracia en el seno de los partidos, sin ser la única respuesta a la desconfianza aparecen como una parte importante y necesaria de la alternativa. La solución a la desconfianza, si es que podemos hablar así, no depende solo de los partidos políticos. Si la crisis es la expresión de lógicas complejas, multidimensionales y trabadas entonces hay varios nudos que desenredar y el de los partidos es uno de ellos.