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sábado, 17 de mayo de 2014

El nuevo rapto de Europa: social y ciudadano

Tasio Oliver, Candidato al Parlamento Europeo por IU, Portavoz de Izquierda Abierta Córdoba y Secretario Federal Adjunto de Política Institucional de IU.

Publicado en tasioliver.eu el 16 de mayo de 2014

El pasado 12 de mayo se lanzaba el libro “Cambiar Europa: Confluencias políticas y sociales para una Europa en crisis”. Mi aportación a ese libro habla sobre la respuesta ante el cambio de Europa que está en las izquierdas. Una respuesta social, mayoritaria y efectiva, paneuropea y que trascienda el actual modelo del marco europeo. Una respuesta que debe ser nuestra apuesta, el nuevo rapto de Europa, abriendo esta Europa a la gente. Aquí os dejo con el artículo entero y os recomiendo el libro:

La eterna inflexión de las conciencias se ha roto en Europa. El continente de la lucha por la emancipación y la justicia sociales ha quebrado su esencia, y ahora desperdiga en migajas, por miles de rincones, barrios y ciudades, ese pasado maltrecho. La Europa sinónimo y encarnación de las ansias de bienestar de la mayoría social, hoy suena mal, huele peor, y es un triste remedo de lo que pretendía ser hace apenas medio siglo.

La deriva antisocial de unas instituciones desvividas por curar las heridas del gran capital financiero; de unos políticos alejados de la ciudadanía, en cenáculos escasamente democráticos; la sombra buitrera de los lobbies que sobrevuelan Bruselas, hacen que el flujo entero de nuestra calidad democrática, en primer momento, y de vida, al fin, estén pervertidos.

En ese contexto, el 22 de Marzo de 2014, las llamadas ‘marchas por la dignidad’ se unificaron en Madrid consiguiendo que España (entre 1 y 1,5 millones de españoles se dieron cita en las calles de la capital) clamase al unísono por otras políticas que no roben la dignidad a las personas y que no nos maltraten lenta y calladamente a través de unas medidas de recorte que, tras el anónimo y falso sesgo de las cifras, siegan a diario la vida de millones de europeos y europeas.

En cambio nadie ha presenciado ningún cortejo financiero, de banqueros peticionarios, que desde Barcelona, Londres o Berlín, peregrinase en 2008 hasta Bruselas para que la Unión Europea les salvase las cuentas y les tapase las vergüenzas. No hizo falta.

Las Marchas del Capital no se han dado porque esas decisiones no necesitan ni de mayorías sociales, ni del consenso y aprobación de la ciudadanía, ni de elecciones o refrendo alguno: se toman de facto, como fácticos son los poderes que inducen a, y consiguen que, líneas enteras de actuación política paneuropea sean iniciadas, reforzadas o cortadas de raíz.

Los lobbies ya hacen la debida presión, el soterrado trabajo, evidenciando nítidamente la connivencia hilada entre determinado flujo de capital y una mayoría nada desdeñable de poder político en Bruselas (o Madrid), mero siervo al cabo de intereses económicos que se remiten a la acumulación de riqueza de una minoría social en todo el continente y a la estratificación entre economías acreedores y deudores como falla insalvable entre Estados.

En este mismo contexto de hartazgo y rebeldía, este 22 de marzo, junto con la Dignidad, también se reivindicó el Agua. El día Mundial del Agua de este año, con el lema ‘Energía y agua’, nos recordaba que estos derechos básicos deben aún pelearse debido a la tendencia a privatizar o mercantilizar aún más su servicio y líneas enteras de su gestión.

En esta ocasión es gracias a ciudadanos y organizaciones sociales por toda Europa que estamos más cerca de conseguir la garantía de, al menos, uno de esos derechos, el agua, tras lograr, mediante la acción popular, ciudadana, que los servicios de abastecimiento y saneamiento de agua ‘saltaran’ de una Directiva de Concesiones que va encaminada a facilitar las privatizaciones en toda Europa.

¿Cómo? Organizados para una Iniciativa Ciudadana Europea, la Right2Water, auspiciada por sindicatos, redes ciudadanas y sociales, plataformas de operadores públicos, y otros actores sociales, se ha logrado lo que no ha conseguido ningún partido político hasta el momento: que la Comisión Europea se pronuncie sobre “la importancia del derecho humano al agua y al saneamiento como un bien público y un valor fundamental”, recalcando además que “el agua no es una mercancía”.

La Iniciativa Ciudadana Europea permite que, a partir de la firma de un millón de ciudadanos europeos, la ciudadanía participe directamente en el desarrollo de políticas de la UE. Hoy en día es absolutamente posible hacer extensivo a amplios espacios de trabajo y reivindicación social estas reivindicaciones: con carácter paneuropeo y de forma inmediata (teniendo en cuenta la existencia de certificados digitales y las enormes posibilidades que alcanzan las nuevas tecnologías), la agenda política europea puede decidirse (al menos parcialmente) desde una plataforma de empoderamiento ciudadano.

Pongo estos dos ejemplos, las marchas de la dignidad y las Iniciativas Ciudadanas Europeas que han sido exitosas hasta la fecha, como muestras de la articulación de un ‘poder ciudadano efectivo’ en la configuración de los nuevos flujos políticos de la Unión que no ha estado fomentado, de manera decidida, por ningún partido político; opino que la izquierda debe fomentar, mimar, utilizar y reivindicar como un motor más del cambio la configuración de este nuevo poder ciudadano europeo.
Hoy, la ciudadanía europea, desafecta de la vieja política y del antisocial y asimétrico modelo de integración europeo, está buscando nuevas fórmulas que consigan armar una renovada forma de practicar una respuesta social, ante el colapso del sistema partidista instaurado en la Unión y los modos de uso y organización social y económicos heredados del siglo XX (y aún XIX).

La nueva conciencia ciudadana

La nueva conciencia ciudadana en la política es una emergencia; en este renacer de la gente como sujeto de cambio, perdido después de años de machacona conversión en meros usuarios o clientes, los partidos políticos de la izquierda europea, que reivindicamos la representación del pueblo, debemos aprender a retro-alimentar nuestras formas de estar, de hacer y de ser “sujetos políticos” en la sociedad europea del siglo XXI.

Un hacer y un estar que implica no sólo observar, escuchar y transmitir, sino la voluntad firme de dejarnos participar, de transformarnos en herramientas de nueva democracia, que sirvan de forma verdaderamente útil a la mayoría social europea (independientemente de su situación económica y social); porque es un 90% de europeos el que coincide en la defensa de determinados preceptos que van encaminados, fundamentalmente, a conseguir paliar tres déficit de la actual configuración europea, tres carencias que sufrimos a la postre:

1) Un modelo socioeconómico cada vez más ajeno a la justicia social y a la sostenibilidad (heredadas de la última socialdemocracia europea pero que hoy es una amarga quimera a recuperar y cuyo desmantelamiento ya comenzó con Maastricht).

2) Un modelo de configuración política excepcionalmente asimétrico y poco democrático, que influye en las vidas de millones de europeos pero sobre el que los millones de europeos/as escasamente podemos incidir.

3)  Una indefinición absoluta de nuestro papel en el contexto y escena internacionales. 

La realidad es que la definición del modelo europeo, por la propia configuración administrativa e institucional de la Unión Europea pero también por la evidenciada connivencia de intereses entre grandes corporaciones económicas y algunos partidos/Estado, queda lejos de la ‘gente’ y, mucho menos, de concernir acuerdo para mejorar su día a día.

La desconexión abisal entre los intereses de la real politik que define el camino europeo, y el clamor de la mayoría social, que quiere transgredir esa senda, hoy es una falla insalvable. El pueblo sabe, y grita, sobre todo en el sur, contra la encerrona sin solución de la moderación del déficit; contra la pantomima de la competitividad empresarial; contra esas instituciones y sus modos.

Está pues abonado el terreno de la desafección para que el fantasma de un renovado euro-nazismo campe a sus anchas… El peligro es el discurso antieuropeísta trascendido de la derecha más radical, cuyo lenguaje directo a la víscera, está más cerca de tensionar el main stream de la Unión que la narración de un cambio en Europa por motivos de clase…

¿Y la respuesta? La tenemos las izquierdas; en forma de unidad, de asunción de nuevos roles, ejemplificado en la puesta en marcha de nuevos procesos, que generen liderazgos diferentes. Una respuesta social, mayoritaria y efectiva, paneuropea y que trascienda el actual modelo del marco europeo; y esa debe ser nuestra apuesta, el nuevo rapto de Europa, abriendo esta Europa a la gente.

Abrir Europa y armar un nuevo rapto de Europa: el de la izquierda

La realidad de aquella Europa de esperanza hoy ha devenido en dolor, siendo más sangrante que nunca esa dolencia. Digamos basta; abramos Europa, definámosla de nuevo; marquemos el paso del nuevo escenario. Digamos, ahora, más Europa, pero distinta, diferente, casi opuesta… Mejor.
Abrir Europa a los ciudadanos es hoy, pues, esencial si queremos salvar y fomentar, desde una concepción radicalmente distinta al del actual modelo, el renacer de un europeismo integrador y social, sostenible y humanista.

Utilizar las herramientas que ya tenemos sobre la mesa para cambiar la agenda del debate político europeo, es una prioridad; habilitar otras puertas de entrada que transformen políticamente la cultura dominante y que potencien el cambio necesario de modelo, es parte del camino; y trabajar por la configuración de un frente paneuropeo, amplio, de la izquierda social y política, que abogue por más Europa pero recuperando su esencia social y redefiniendo el pacto social que auspicie su crecimiento, es el paso que debemos marcar.

En ese escenario, las posiciones políticas de la izquierda divergen, y hasta el solo efluvio de recuperar determinadas dinámicas socialdemócratas parece revolucionario, suficiente, algo… Pero no lo es; el reto es acerca de dibujar un nuevo horizonte, por completo, el nuevo escenario de una Europa renovada; nuevas normas, nuevas instituciones, nuevos actores. No hay más.

Pero este nuevo relato que tenemos que tensar entre todos/as, no dará sus frutos, ni movilizará a una mayoría social paneuropea, si no articula un triple discurso, al menos: 1) Obvio, la recuperación necesaria de políticas que incidan en la redistribución de la riqueza y la intervención económica por el bien de la mayoría, y el medio 2) Una apuesta clara por la redistribución del poder, la recuperación de derechos ciudadanos y la creación de espacios de democracia participativa 3) Una asunción de máximos sobre la corporeidad democrática de la Unión: proceso constituyente o al menos conclusión del “consenso de la transacción”.

Ante la inconexa muerte de las instituciones europeas, manijeras de causas e intereses, algunos, debiéramos ser todos, decimos más Europa, pero una Europa radicalmente social, profundamente democrática y esencialmente participada y solidaria.

jueves, 8 de mayo de 2014

¿Realmente sirve para algo el Parlamento Europeo?

Pedro Chaves Giraldo. Portavoz de Izquierda Abierta Madrid, Profesor de Ciencia Política y miembro de Econonuestra.

 Articulo publicado en The Economy Journal el 8 de mayo de 2014


Los mitos urbanos sobre el Parlamento Europeo son tan numerosos o más que sobre la vida de otras instituciones representativas. Su lejanía y las dudas sobre su utilidad le han mantenido alejado del foco de las críticas más acervas contra la profesionalización de la política, pero tampoco ha escapado de las mismas.
 
Y una buena parte de esas críticas son más que razonables y justas.

De hecho, hasta ahora, la mayoría de los grandes partidos han utilizado el Parlamento Europeo como lugar en el que “retirar” a sus activos políticos gastados o jubilables, ofreciéndoles un lugar cómodo y tranquilo, bien remunerado y alejado de los molestos focos de la opinión pública y, a veces, hasta del trabajo mismo.

Y sin embargo el Parlamento Europeo es un instrumento esencial en una estrategia de cambio político en Europa. Con todas sus limitaciones, el Parlamento es la única institución que goza de la legitimidad popular y, por ello, puede convertirse en una poderosa caja de resonancia de la movilización y resistencia social contras las políticas austericidas y contra la gestión oligárquica de la crisis.

Y eso es así, sobre todo, porque lo nuevo de esta crisis es que ha colocado en el centro del conflicto la legitimidad del proceso de integración europea. Es decir, su utilidad, su estructura decisional, sus perspectivas. La crisis ha traído de la mano una politización inesperada -por su velocidad- del proceso de integración. Y ha hecho real el debate sobre alternativas a la situación actual. Mientras que los especialistas discutían sobre la conveniencia de la politización del proceso de integración, dando por hecho que se trataba de una opción entre algunas más, ésta se ha colado por la puerta grande sin preguntar a los que dicen que saben.

El Parlamento Europeo forma parte de una estructura institucional anómala en las democracias representativas. Frente a la división de poderes tradicional la Unión Europea está dividida en dos ramas que dibujan un cuadrado institucional: la rama ejecutiva formada por la Comisión Europea y el Consejo Europeo y la rama legislativa por el Parlamento y el Consejo aun cuando, la Comisión es la que dispone de la iniciativa legislativa. Como vemos una articulación compleja que hace que el proceso de toma de decisiones sea largo, complicado y escasamente comprensible.

Es común decir que el Parlamento Europeo ha sido la institución que más poder ha ganado desde Maastricht, pasando de ser una “institución florero” a ejercer capacidades de codecisión y bloqueo.

Y aunque sigue siendo una institución disminuida en sus capacidades de control y de iniciativa, las reformas de Niza y Lisboa han mejorado el margen de maniobra que permitiría hacer más visible la labor política realizada o por realizar en el Parlamento Europeo. A través de los mecanismos del proceso legislativo ordinario; el dictamen conforme o el dictamen obligatorio conforme el Parlamento puede mejorar su papel como actor político en la discusión sobre el futuro del proceso de integración. Y, especialmente, el debate que se suscitará alrededor de la elección del Presidente/a de la Comisión permitirá generar una auténtica controversia política alrededor de los diferentes modelos y proyectos sobre los que pensar el futuro de la Unión.

Cosas que el Parlamento Europeo podría hacer
 
Habría que decir que el entramado institucional produce y reproduce el déficit democrático crónico que padece la construcción europea desde sus orígenes. Y que ninguna reforma parcial o menor logrará reducir esa brecha democrática que cuestiona permanentemente la legitimidad de las decisiones tomadas por las instituciones europeas.

Así es que la refundación democrática de la UE es una exigencia en los tiempos de desconfianza y crisis de legitimidad. No obstante se pueden acometer reformas parciales que, al menos, minimicen el daño y orienten la perspectiva de un cambio sistémico. Por ejemplo, atribuir competencias legislativas al Parlamento o incorporar la Unión Económica y Monetaria a las capacidades de control parlamentario. O exigir un procedimiento único en toda Europa de participación estatal en los Consejos de modo que se asegure que los parlamentos nacionales conocen lo que van a hacer sus gobiernos en la UE. O bien, crear un encuentro interparlamentario regular entre los parlamentarios nacionales y los parlamentarios europeos, de modo que pueda discutirse sobre iniciativas legislativas etc.

Además de eso, es posible usar algunos de los instrumentos que el Tratado de Lisboa ha habilitado para dar visibilidad tanto a la resistencia como a la propuesta.

Entre ellas la Iniciativa Ciudadana Europea, una invitación para que la Comisión Europea proponga un texto legislativo en alguno de los ámbitos de competencia de la UE. Las iniciativas ciudadanas deben recibir el apoyo de, al menos, un millón de ciudadanos de siete de los veintiocho Estados miembros de la UE, alcanzando un número mínimo de firmantes en cada uno de ellos. A fecha de hoy una ICE sobre el agua y su condición de bien público ha conseguido el número de firmas suficientes para continuar el procedimiento.

Huelga insistir en las limitaciones de este procedimiento y afirmar que está muy lejos de significar ningún salto de calidad en la participación ciudadana en la construcción europea. Dicho lo cual y en este contexto de crisis de legitimidad, esta posibilidad puede contribuir tanto a hacer visible el rechazo como las alternativas. Y debe ser considerado con toda seriedad.

Resulta relevante conocer que las dinámicas de votación en el Parlamento Europeo reflejan, precisamente, esa lógica de articulación del conflicto político que se observa, también en nuestras democracias nacionales.
La coalición más significativa, populares y socialistas

Un estudio de la dinámica parlamentaria en los últimos diez años nos dice de las oportunidades que surgen en la nueva legislatura: la coalición de acuerdo en votaciones más importantes en el PE es la que se ha dado entre el GUE (el grupo de la Izquierda Alternativa) y los Verdes, un 79,3% de las veces. Y el acuerdo entre el GUE y el grupo socialista: un 72% de las veces. Hay que señalar que los socialistas y los populares han votado juntos un 64,5% de las ocasiones. Bien es verdad que en las cuestiones sustanciales (economía, finanzas etc.) la coalición más significativa es la que comparten populares y socialistas. No es extraño, ambas familias han sido las impulsoras y protagonistas de este proceso de integración y, particularmente, desde Maastricht, las que han defendido con mayor ahínco las lógicas de privatización y desregulación impulsadas y promovidas desde la Comisión Europea con el objetivo de propiciar la creación de un mercado único.

Por otra parte la irrupción en varios países de partidos claramente xenófobos y anti-proceso de integración producirá, sin duda, una nueva agenda política y hará mucho más visible el conflicto respecto a cuestiones esenciales de la vida política en la UE.

Esto significa que en la próxima legislatura el Parlamento será novedosa y, en muchos aspectos, imprevisible.La crisis ha hecho visible que la construcción europea es un juego en el que unos ganan y otros pierden. Y las lógicas económicas puestas en marcha desde Maastricht y acentuadas en la gestión de la crisis implican un deterioro de las condiciones de vida para la mayoría insoportables, especialmente, pero no solo, en los países del sur o de la periferia económica de la UEM, entre ellos España.

Estas elecciones y el futuro Parlamento Europeo pueden y deben jugar un papel muy importante como institución que hace visible la resistencia y la propuesta. Esta vez, discutir de Europa es una necesidad.